CUENTOS
Caperucita
y las aves
Hubo una vez en el mundo, un invierno crudo y feroz,
que hacía temblar de frío todas las criaturas del bosque, en especial los
pájaros pequeños. La nieve cubría la tierra, y llenaba de fría escarcha las
ramas de los árboles. De esta manera, era imposible para las avecillas buscar
comida con que alimentar a sus crías.
La hermosa y buena Caperucita, sintió compasión de
los pajaritos y comenzó a llenar su ventana con granos de arroz. En pocos
segundos, la ventana se llenó de estas criaturas, que además, buscaban el calor
de la casa. Entonces, Caperucita dejó pasar a todas las aves del bosque,
quienes se refugiaron a los pies de la chimenea.
Con el tiempo, los alimentos comenzaron a escasear
también para los hombres, y la aldea vecina decidió atacar el poblado donde
vivía Caperucita con el fin de arrebatarle todas sus provisiones. “Nos superan
en número. Debemos pedir ayuda al Rey” gritó uno de los habitantes, pero otro
dijo “Es imposible. Los caminos están cubiertos por la nieve”.
Entonces, la joven Caperucita pidió a la paloma que
enviara un mensaje al rey, y la blanca ave pareció entender, pues salió a toda
velocidad por la ventana. Con el paso de los días, Caperucita no recibía
noticias de la paloma y para colmo de males, los enemigos habían entrado en el
pueblo con la intención de saquear cada una de las casas.
Fue en ese preciso instante, cuando asomó la
esperanza, y aparecieron milagrosamente los guardias del Rey, propinando una
severa golpiza a los malhechores, quienes huyeron a toda prisa del lugar. La
paloma mensajera llegaba detrás, volando con sus últimas fuerzas hasta caer en
las manitas tiernas de Caperucita.
LOS TRES CERDITOS
Había una vez 3 cerditos que eran hermanos y
vivían en lo más profundo del bosque. Siempre habían vivido felices y sin
preocupaciones en aquel lugar, pero ahora se encontraban temerosos de un lobo
que merodeaba la zona. Fue así como decidieron que lo mejor era construir cada
uno su propia casa, que les serviría de refugio si el lobo los atacaba.
El primer cerdito era el más perezoso de los
hermanos, por lo que decidió hacer una sencilla casita de paja, que terminó en
muy poco tiempo. Luego del trabajo se puso a recolectar manzanas y a molestar a
sus hermanos que aún estaban en plena faena.
El segundo cerdito decidió que su casa iba a ser de
madera, era más fuerte que la de su hermano pero tampoco tardó mucho tiempo en
construirla. Al acabar se le unió a su hermano en la celebración.
El tercer cerdito que era el más trabajador, decidió
que lo mejor era construir una casa de ladrillos. Le tomaría casi un día
terminarla, pero estaría más protegido del lobo. Incluso pensó en hacer una
chimenea para azar las mazorcas de maíz que tanto le gustaban.
Cuando finalmente las tres casitas estuvieron
terminadas, los tres cerditos celebraron satisfechos del trabajo realizado.
Reían y cantaban sin preocupación -“¡No nos comerá el lobo! ¡No puede entrar!”.
El lobo que pasaba cerca de allí se sintió insultado
ante tanta insolencia y decidió acabar con los cerditos de una vez. Los tomó
por sorpresa y rugiendo fuertemente les gritó: -“Cerditos, ¡me los voy a comer
uno por uno!”.
Los 3 cerditos asustados corrieron hacia sus
casas, pasaron los pestillos y pensaron que estaban a salvo del lobo. Pero este
no se había dado por vencido y se dirigió a la casa de paja que había
construido el primer cerdito.
– “¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme o soplaré y la casa
derribaré!”- dijo el lobo feroz.
Como el cerdito no le abrió, el lobo sopló con fuerza
y derrumbó la casa de paja sin mucho esfuerzo. El cerdito corrió todo lo rápido
que pudo hasta la casa del segundo hermano.
De nuevo el lobo más enfurecido y hambriento les
advirtió:
-“¡Soplaré y soplaré y esta casa también derribaré!”
El lobo sopló con más fuerza que la vez anterior,
hasta que las paredes de la casita de madera no resistieron y cayeron. Los dos
cerditos a duras penas lograron escapar y llegar a la casa de ladrillos que
había construido el tercer hermano.
El lobo estaba realmente enfadado y decidido a
comerse a los tres cerditos, así que sin siquiera advertirles comenzó a soplar
tan fuerte como pudo. Sopló y sopló hasta quedarse sin fuerzas, pero la casita
de ladrillos era muy resistente, por lo que sus esfuerzos eran en vano.
Sin intención de rendirse, se le ocurrió trepar por
las paredes y colarse por la chimenea. -“Menuda sorpresa le daré a los
cerditos”, – pensó.
Una vez en el techo se dejó caer por la chimenea, sin
saber que los cerditos habían colocado un caldero de agua hirviendo para cocinar
un rico guiso de maíz. El lobo lanzó un aullido de dolor que se oyó en todo el
bosque, salió corriendo de allí y nunca más regresó.
Los cerditos agradecieron a su hermano por el trabajo
duro que había realizado. Este los regañó por haber sido tan perezosos, pero ya
habían aprendido la lección así que se dedicaron a celebrar el triunfo. Y así
fue como vivieron felices por siempre, cada uno en su propia casita de
ladrillos.
EL PATITO FEO
Al igual que todos los años, en los meses de verano,
la Señora Pata se dedicaba a empollar. El resto de las patas del corral siempre
esperaban con muchos deseos que los patitos rompiesen el cascarón para poder
verlos, pues los patitos de esta distinguida pata siempre eran los más bellos
de todos los alrededores.
El momento tan esperado llegó, lo que causó un gran
alboroto ya que todas las amigas de mamá pata corrieron hacia el nido para ver
tal acontecimiento. A medida que iban saliendo del cascarón, tanto la Señora
Pata como sus amigas gritaban de la emoción de ver a unos patitos tan bellos
como esos. Era tanta la algarabía que había alrededor del nido que nadie se
había percatado que aún faltaba un huevo por romperse.
El séptimo era el más grande de todos y aún
permanecía intacto lo que puso a la expectativa a todos los presentes. Un rato
más tarde se empezó a ver como el cascarón se abría poco a poco, y de repente
salió un pato muy alegre. Cuando todos lo vieron se quedaron perplejos porque
este era mucho más grande y larguirucho que el resto de los otros patitos, y lo
que más impresionó era lo feo que era.
Esto nunca le había ocurrido a la Señora Pata, quien
para evitar las burlas de sus amigas lo apartaba con su ala y solo se dedicaba
a velar por el resto de sus hermanitos. Tanto fue el rechazo que sufrió el
patito feo que él comenzó a notar que nadie lo quería en ese lugar.
Toda esta situación hizo que el patito se sintiera
muy triste y rechazado por todos los integrantes del coral e incluso su propia
madre y hermanos eran indiferentes con él. Él pensaba que quizás su problema
solo requería tiempo, pero no era así pues a medida que pasaban los días era
más largo, grande y mucho más feo. Además se iba convirtiendo en un patito muy
torpe por lo que era el centro de burlas de todos.
Un día se cansó de toda esta situación y huyó de la
granja por un agujero que se encontraba en la cerca que rodeaba a la propiedad.
Comenzó un largo camino solo con el propósito de encontrar amigos a los que su
aspecto físico no les interesara y que lo quisieran por sus valores y
características.
Después de un largo caminar llegó a otra granja,
donde una anciana lo recogió en la entrada. En ese instante el patito pensó que
ya sus problemas se habían solucionado, lo que él no se imaginaba que en ese
lugar sería peor. La anciana era una mujer muy mala y el único motivo que tuvo
para recogerlo de la entrada era usarlo como plato principal en una cena que
preparaba. Cuando el patito feo vio eso salió corriendo sin mirar atrás.
Pasaba el tiempo y el pobrecillo continuaba en busca
de un hogar. Fueron muchas las dificultades que tuvo que pasar ya que el
invierno llegó y tuvo que aprender a buscar comida en la nieve y a refugiarse
por sí mismo, pero estas no fueron las únicas pues tuvo que esquivar muchos
disparos provenientes de las armas de los cazadores.
Siguió pasando el tiempo, hasta que por fin llegó la
primavera y fue en esta bella etapa donde el patito feo encontró por fin la
felicidad. Un día mientras pasaba junto a estanque diviso que dentro de él
había unas aves muy hermosas, eran cisnes. Estas tenían clase, eran esbeltas,
elegantes y se desplazaban por el estanque con tanta frescura y distinción que
el pobre animalito se sintió muy abochornado por lo torpe y descuidado que era
él.
A pesar de las diferencias que él había notado, se
llenó de valor y se dirigió hacia ellos preguntándole muy educadamente que si
él podía bañarse junto a ellos. Los cisnes con mucha amabilidad le respondieron
todos juntos:
– ¡Claro que puedes, como uno de los nuestros no va a
poder disfrutar de este maravilloso estanque!
El patito asombrado por la respuesta y apenado les
dijo:
– ¡No se rían de mí! Como me van a comparar con
ustedes que están llenos de belleza y elegancia cuando yo soy feo y torpe. No
sean crueles burlándose de ese modo.
– No nos estamos riendo de ti, mírate en el estanque
y veras como tu reflejo demostrara cuan real es lo que decimos.- le dijeron los
cisnes al pobre patito.
Después de escuchar a las hermosas aves el patito se
acercó al estanque y se quedó tan asombrado que ni el mismo lo pudo creer, ya
no era feo. ¡Se había transformado en un hermoso cisne durante todo ese tiempo
que pasó en busca de amigos! Ya había dejado de ser aquel patito feo que un día
huyó de su granja para convertirse en el más bello y elegante de todos los
cisnes que nadaban en aquel estanque.
JUAN SIN MIEDO
Había una vez, en una aldea que contaba con pocos
habitantes, un hombre que tenía dos hijos. El mayor jamás lo disgustaba pues
era un muchacho trabajador, asentado y muy emprendedor, mientras que el segundo
era todo lo contrario pues aún no lograba establecerse decentemente. Ya el
padre mayor y enfermo se acerca al joven y le dice:
– Sabes que nuestra situación económica no es muy
favorables, así que el día que falte no podrás heredar mucho de mí. Yo noto que
nada te motiva y que no has sido capaz aún de encontrar un trabajo que te
permita vivir modestamente. ¿No hay nada en la vida que te gustaría aprender
hacer?
– Si padre quiero aprender a sentir miedo. Hasta el
momento ninguna de las historias de monstruos que he escuchado me han causado
temor, mientras que a todos los que la escuchan alrededor mío se aterran.
El padre decepcionado por la respuesta de su hijo le
dijo que se marchara de la casa en busca del miedo, para ver si de ese modo su
hijo encontraba el camino correcto de la vida. Y así hizo Juan, se despidió de
su única familia, su padre y su hermano, y comenzó su largo recorrido el cual
no tenía rumbo pero si un propósito, encontrar al miedo. Durante la travesía se
encontró a un sacristán con el que instauró una amena conversación.
– Buenas, mi nombre es Juan Sin Miedo.
Ante tal presentación el sacristán le respondió:
– Es tu nombre muy poco usual.
– Mi nombre se debe a que siempre he vivido sin miedo
y es por eso que he abandonado mi casa y he llegado hasta tan lejos. ¿Podría
usted decirme dónde puedo hallarlo?
– Tal vez pueda ayudarte- fue la respuesta del
sacristán, quien posteriormente comenzó a narrarle una historia muy antigua.
– Hace muchos, pero muchos años en un lugar que está
más allá del valle existía un castillo que era gobernado por un mago maléfico.
Ahora el dueño del castillo es un pobre rey que ha ofrecido grandes riquezas al
que logre liberar a su castillo de ese malvado mago. Hasta el momento todos
habían fracasado y tenían que huir muy aterrados. Estoy seguro de que en ese
lugar encontrarás eso que tanto deseas.
Una vez que el hombre terminó la historia, Juan
partió en busca de este castillo y de su terrible maldición. Cuando llegó a la
puerta del lugar les dijo a los guardias que se encontraban allí:
– Mi nombre es Juan Sin Miedo y necesito conversar
con vuestro rey.
Uno de los guardias lo llevó al salón del trono donde
se encontraba el rey. En ese preciso instante el rey le explicó las condiciones
que debía cumplir para poder liberar al castillo de este terrible poder
malvado.
– Serás un hombre muy rico pues si logras pasar tres
noches allí y liberas a mi castillo de esta maldición, te entregaré todo el oro
de mi reino.
Asombrado del ofrecimiento, Juan le respondió:
– Es usted muy amable, y le agradezco mucho lo que
pretende hacer, pero mi único objetivo es poder descubrir que es sentir miedo.
A pesar de sus palabras, el rey tenía pocas
esperanzas pues muchos habían intentado y habían fracasado.
Y llegó la primera noche de Juan en el castillo; ya
estaba durmiendo cuando un quejido aterrador proveniente de un sombrío fantasma
lo despertó.
– ¿Quién eres tú que has tenido la osadía de
despertarme?- Preguntó Juan sin temor alguno.
A Juan no le importó ninguno de los chillidos de ese
fantasma, y continuó con su sueño. Al día siguiente cuando el rey visitó al
muchacho en el castillo conversó con él, siempre recordándole que para poder
cumplir su acuerdo aún le quedaban dos noches más. Y llegó la segunda noche,
cuando nuevamente Juan volvió a sentir los alaridos de ese espectro y comenzó a
buscar el lugar de donde provenían. Cuando Juan vio que el fantasma que lo
había despertado por segunda vez se encontraba preso de una cadena, corrió a
liberarlo, logrando de este modo que el espectro desapareciera para siempre de
la habitación y del castillo.
A pesar de esto el rey aún no estaba satisfecho con
el valor del joven pues no había terminado de cumplir su promesa de pasar las
tres noches en el castillo embrujado. Y llegó la tercera y última noche cuando
ya estaba dormido nuevamente y sintió que lo pasos de una desagradable momia lo
despertaron.
– ¿Quién eres tú que te has atrevido a despertarme?-
Preguntó Juan esperando una respuesta rápida.
Debido a que no escuchó ninguna respuesta, Juan se
levantó y le quitó la venda a la momia, y pudo ver que debajo de esos trapos se
encontraba el malvado mago quien le dijo:
– Por lo que he visto mi magia no te hace efecto, así
que si me dejas escapar el castillo quedará libre de todos mis hechizos.
Ante tal noticia el Rey estaba lleno de alegría. Todo
el reino se reunió a las puertas del castillo para demostrarle a Juan Sin Miedo
su alegría y agradecimiento y celebrar junto a él su gran hazaña. Debido a la
gratitud del rey hacia Juan este le permitió vivir en su castillo por mucho
tiempo, y cada momento que pasaba allí estaba seguro de que jamás conocería el
miedo.
Después de muchos años una de las hijas del rey dejó
caer una pecera llenas de pececitos sobre la cama de Juan Sin Miedo. Ante tal
hecho, el joven gritó:
– ¡Quítenme esto de aquí! ¡Qué miedo tengo!
De este modo fue como Juan Sin Miedo descubrió el
miedo, inexplicable que unos simples pececitos de colores causaran tal temor en
el valiente joven. A pesar de que por primera vez la joven princesa vio que
Juan tenía miedo decidió no contar nada de lo sucedido para que aquel hombre
siguiese siendo “Juan Sin Miedo”.
EL GIGANTE EGOÍSTA
Hace muchos años, en un pequeño pueblo, existían
cinco niños muy amigos que cada tarde salían a jugar al bosque. Los pequeños
correteaban por la yerba, saltaban a los árboles y se bañaban en los ríos con
gran felicidad. En realidad, eran muy unidos y les gustaba sentirse en compañía
de los animales y el calor que les brindaba el Sol. Sin embargo, cierta tarde,
los niños se alejaron del bosque y fueron a dar con un inmenso castillo
resguardado por unos altos muros.
Sin poder contener la curiosidad, treparon los muros
y se adentraron en el jardín del castillo, y después de varias horas de juego,
sintieron una voz terrible que provenía de adentro. “¿Qué hacen en mi castillo?
¡Fuera de aquí!”.
Asaltados por el miedo, los cinco niños se quedaron
inmóviles mirando hacia todas partes, pero en seguida se asomó ante sus ojos un
gigante egoísta horroroso con los ojos amarillos. “Este es mi castillo,
rufianes. No quiero que nadie ande merodeando. Largo de aquí y no se atrevan a
regresar. ¡Fuera!”. Sin pensarlo dos veces, los niños salieron disparados a
toda velocidad de aquel lugar hasta perderse en la lejanía.
Para asegurarse de que ningún otro intruso penetraría
en el castillo, el gigante reforzó los muros con plantas repletas de espinas y
gruesas cadenas que apenas dejaban mirar hacia el interior. Además, en la
puerta principal, el gigante egoísta y malhumorado colocó un cartel enorme
donde se leía: “¡No entrar!”.
A pesar de todas estas medidas, los niños no se
dieron por vencidos, y cada mañana se acercaban sigilosos a los alrededores del
castillo para contemplar al gigante. Allí se quedaban por un largo rato hasta
que luego regresaban con tristeza a casa. Tiempo después, tras la primavera,
arribó el verano, luego el otoño, y finalmente el invierno. En pocos días, la
nieve cubrió el castillo del gigante y le aportó un aspecto sombrío y feo. Los
fuertes vientos arreciaban en las ventanas y las puertas, y el gigante
permanecía sentado en su sillón deseando que regresara nuevamente la primavera.
Al cabo de los meses, el frío por fin se despidió y
dio paso a la primavera. El bosque gozó nuevamente de un verde brillante muy
hermoso, el Sol penetró en la tierra y los animales abandonaron sus guaridas
para poblar y llenar de vida la región. Sin embargo, eso no sucedió en el castillo
del gigante egoísta. Allí la nieve aún permanecía reinando, y los árboles
apenas habían asomado sus ramas verdosas.
“¡Qué desdicha!” – se lamentaba el gigante – “Todos
pueden disfrutar de la primavera menos yo, y ahora mi jardín es un espacio
vacío y triste”.
Afligido por su suerte, este se tumbó en su lecho y
allí hubiese quedado para siempre sino fuese porque un buen día oyó con gran
sorpresa el cantar de un sinsonte en la ventana. Asombrado y sin poder creerlo
aún, el gigante se asomó y esbozó una sonrisa en sus labios. Su jardín había
recuperado la alegría, y ahora, no sólo los árboles ofrecían unas ramas verdes
y hermosas, sino que las flores también habían decidido crecer, y para su
sorpresa, los niños también se encontraban en aquel lugar jugando y correteando
de un lado hacia el otro.
“¿Cómo pude ser tan egoísta? Los niños me han traído
la primavera y ahora me siento más feliz” – así gritaba el gigante mientras
descendía las escaleras para salir al jardín. Al llegar al lugar, descubrió que
los pequeñines trepaban a los árboles y se divertían alegremente. Todos menos
uno, que por ser el más chico no podía trepar a ningún árbol.
Compadecido con aquel niño, el gigante egoísta
decidió ayudarlo y tendió su mano para que este pudiera subir al árbol. Entonces,
la enorme criatura eliminó las plantas con espinas que había colocado en su
muro y también las cadenas que impedían el paso hacia su castillo.
Sin embargo, cuando los niños le vieron sintieron
miedo de que el gigante egoísta les expulsará del lugar, y sin perder tiempo se
apresuraron a marcharse del castillo, pero el niño más pequeño quedó entonces
atrapado en el árbol sin poder descender. Para su sorpresa, las flores se
marchitaron, la yerba se tornó gris y los árboles comenzaron a llenarse de nieve.
Con gran tristeza, el gigante le pidió al chico que
no llorara, y en cambio le dijo que podía quedarse y jugar en su jardín todo el
tiempo que quisiera. Entonces, los demás niños que permanecían escondidos desde
fuera del muro, comprendieron que este no era malo, y que por fin podían estar
en el jardín sin temor a ser expulsados.
Desde ese entonces, cada año cuando la primavera
arriba al bosque, los niños se apresuran hacia el castillo del gigante para
llenar de vida su jardín y sus flores.
FÁBULAS
EL CABALLO Y
LA CABRA
Vivieron en una ocasión y en una mismo establo un caballo y una cabra. Al caballo siempre le sacaban a pastar y a pasear muy temprano por un camino precioso y lleno de hierba tan fresca y rica como jamás se había visto por la zona.
Al
contrario que al caballo, a la cabra la sacaban a pastar por un prado situado
en un camino muy lejano y conformado por hierbas tristes y secas.
El
caballo, presuntuoso y altivo, en lugar de sentir lástima por su compañera la
cabra, tendía a burlarse de ella y de su situación:
Es
increíble cómo eres capaz de pastar por esos caminos aislados y tan poco
agradecidos. Yo no podría pastar donde tú lo haces. ¡Se atragantaría mi
brillante y suave cuello! La buena noticia es que yo no tendré que hacerlo,
porque no soy una insignificante cabra.
La
cabra, por su parte, dejaba que el caballo se desahogara con sus maleducadas
palabras con un sabio silencio por respuesta. Pero un día todo cambió para
ambos. En el establo metieron de buena mañana a un caballo tan fuerte, que casi
parecía un roble, y desde entonces, las mejores hierbas fueron para él. El
caballo viejo y arrogante tuvo que acompañar en lo sucesivo a su compañera la
cabra a la hora de comer, a la que tanto había humillado.
Así que tú no
podías comer ni comerías por nada del mundo la hierba de estos caminos, ¿no?
Pues no sé qué haces aquí entonces comiéndote mi preciado sustento…- Dijo la
cabra irónicamente mientras contemplaba al desdichado caballo.
El
caballo compendió poco a poco, junto a su compañera la cabra, que en la vida es
muy importante no decir nunca el de
este agua no beberé. Porque…, ¡nunca se sabe lo que puede pasar!
La Gallina de los Huevos de Oro
Dicen que la avaricia rompe el saco. Un buen ejemplo es del hombre que hubo una vez, cuya gallina todos los días le ponía un hermoso huevo de oro.
Aquel
hombre, feliz por ser el dueño de tan increíble animal, imaginó que se haría
rico con el tesoro que aquella gallina debía albergar en sus entrañas. Ni corto
ni perezoso decidió sacrificar al pobre animal para poder comprobar cuánto
brillaba el tesoro de la gallina. Sin embargo, al abrirla pudo comprobar con
sus propios ojos, como aquella gallina era igual por dentro que aquellas que no
ponían ni un solo huevo extraordinario. Y de esta forma fue como el hombre de
la gallina de los huevos de oro, se privó de su gran fortuna.
Qué gran mensaje y
lección para las personas egoístas…De la noche a la mañana, el rico se vuelve
pobre por no conformarse con lo que gana.
Los
dos mulos
Dos mulos caminaban por un terreno con cargas sobre sus espaldas. Uno, que trabajaba para un humilde molinero, cargaba avena. El otro, que servía al rey del lugar, cargaba monedas de plata.
Paseábase
muy orgulloso y altivo el segundo de los mulos con su carga, haciendo sonar al
paso su gran cencerro de oro. Pero aquel sonido alertó a unos ladrones que iban
por su mismo camino. Tras observar bien lo que llevaban, ni cortos ni
perezosos, decidieron atacar al segundo de los mulos. Éste, procurando defender
su valiosa carga, resultó finalmente malherido por los bandidos, quedando
tendido y desconsolado sobre el suelo del camino.
-¿Para
esto he trabajado tan duro y he soportado tanta carga sobre mis espaldas?-
Exclamó el mulo del rey aturdido.
-Tal
vez, lo que aparenta ser un gran negocio, no siempre resulta serlo…- Le
contestó el mulo del molinero.
LAS DOS CARAS
Érase una vez un oso que vivía entre la espesura del bosque. Habitualmente,
este oso demostraba una gran valentía en cada uno de sus actos, y dicha
valentía sumada a su fuerte y gigantesco cuerpo, hacía que ningún otro animal
se atreviera a enfrentarle. Se dice que medía de pie casi tres metros de largo
y que su fuerza podía aplastar incluso a los hombres.
Soy el oso más valiente y fuerte del mundo. ¿Acaso
existirá alguien capaz de hacerme frente en algún lugar? – Vacilaba
frecuentemente el oso, aplaudido por todos los animales del bosque que tendían
a acobardarse con su mera presencia.
Sin embargo, a la espalda del oso valiente
todos discutían en la búsqueda de un remedio que atemorizara al animal, por
raro que fuese, convencidos de que algo tenía que ser capaz de acobardarlo.
¡Pero si es el más valiente del mundo! ¿Qué podría
asustarle? – Se planteaba angustiado un oso de su misma especie.
Entre todos eran incapaces de dar con una
solución, hasta que un día estalló una gran tormenta. Los relámpagos eran
inmensos y venían acompañados de truenos que hacían temblar la superficie de la
tierra. Y cuál fue la sorpresa de los animalillos del bosque al observar que el
oso temido y valiente salía despavorido de su cueva, aterrorizado con el
estruendo de aquella tormenta, pidiendo auxilio con fuertes y lastimosos
rugidos.
Aquel día todos los animales del bosque, menos
el oso, fueron felices. Nunca jamás habían disfrutado tanto de una tormenta, y
es que habían dado con aquello capaz de atemorizar al oso vacilante y burlón
que se creía el más fuerte del mundo.
LA LIEBRE Y
EL VIOLÍN
Hubo una vez una liebre que vivía en un bosque y que disfrutaba enormemente con todo aquello que la rodeaba. Aquella liebre sabía disfrutar de la vida, y cosas tan sencillas como mirar los elementos de la naturaleza o al resto de animales del bosque, la colmaba de felicidad.
Aquella
liebre encontró, en una ocasión, un viejo violín abandonado en una de tantas
excursiones que realizaba para explorar cada uno de los rincones del bosque. No
dudó en toquetear sus cuerdas como podía, en busca del atractivo de aquel
instrumento, y en busca también de pasar un rato divertido más.
La
liebre aprendía muy rápido, y tanto gusto le cogió a tocar el violín, que día y
noche procuraba distraerse con su música. Pero aquella música no era miel para
todos los habitantes del bosque que, cansados de escuchar sus recitales a todas
horas, comenzaban a sentirse incómodos con la actitud de su amiga la liebre.
¡Vamos
liebre! Deja de tocar ya un poco ese violín, y acompáñanos a buscar provisiones
para el invierno, que ya está cerca. – Dijo una vecina.
Pero
la liebre no hacía caso a nadie, tan entusiasmada como estaba con su violín, y
continuó tocando aquellas viejas cuerdas sin parar. La liebre buscaba aprender
a tocar bien el instrumento, porque le encantaba superarse a sí misma y
aprender cosas nuevas, pero tanto se cegó con aquel violín que no supo darse
cuenta de que el invierno ya estaba llegando.
Cuando
por fin llegó, la liebre se dio cuenta de que no iba a tener nada que comer
porque no había recolectado nada para hacerlo, y tuvo que ir a casa de sus
vecinas a pedir alimentos. Afortunadamente, la liebre seguía siendo querida por
todos sus vecinos del bosque y no dudaron en darle cuanto necesitaba, pero ella
comprendió con aquello que no había obrado con responsabilidad y que había sido
muy egoísta. Entonces, para corresponder a todas aquellas buenas amistades, la
liebre (que ya dominaba el violín como el mejor de los músicos de tanto que
había practicado) no dudó en dedicarles preciosas canciones a todos en señal de
gratitud.
LEYENDAS
Leyenda del Caa Yari
Hace
mucho tiempo, una tribu nómada decidió dejar la región que habitaba desde
antaño. Sin embargo, un anciano no se sintió con la energía suficiente para
seguir a su gente. Entonces la tribu dejó a Yar, tal era el nombre del anciano,
en la compañía de su hija Yarí, que se negó a abandonarlo. El anciano construyó
un refugio primitivo con sus propias manos, y ambos continuaron con su
acostumbrado modo de vida en medio de ese entorno salvaje y primigenio. Un día,
al anochecer, apareció un extraño ser. El color de su piel era raro y también
su vestimenta, en relación a lo que estaban acostumbrados. A pesar de ello,
padre e hija lo trataron con deferencia, ofreciéndole su hospitalidad
desinteresada y los mejores alimentos que tenían en su humilde morada. Ocurrió
que el extraño ser había sido enviado por Tup, el dios bueno, que quería
conferirles un presente milagroso y permanente. El poder mágico del presente
permitiría contar siempre con los medios para recibir y atender a sus
visitantes; así como también les ayudaría mitigar el largo período de
aislamiento. Así hizo que una nueva planta creciera en la selva, y luego les
enseñó a preparar una bebida tónica y estimulante que pasaría a ser, con el
tiempo, un símbolo de bienvenida para los huéspedes de la casa. Ungió a la
bella Yarí como diosa protectora (Caa Yarí) y a su anciano padre, como su
custodio. Los dulces cuidados y la protección constante prodigados a las
plantas, lograron que las plantaciones de yerba mate se multiplicaran en forma
infinita. Y así es como encontramos una especie de simbiosis en esta bebida: la
mujer joven y bella, y el anciano habilidoso revelaron, siendo dioses, la misma
actitud que, por obra de sus corazones generosos, que habían tenido siendo
simples mortales. De esta manera, a partir de la naturaleza misma, con la
fuerza de sus elementos más puros y del corazón de las plantaciones de yerba
mate, los dioses nos protegen...
El cuervo y la sed
Cuenta la tradición que el dios Apolo era un dios muy impaciente al que le
gustaba ser servido con rapidez y eficacia. No perdonaba a aquellos que
vagueaban o que dudaban un minuto su quehacer.
Un
día de primavera, Apolo envió al cuervo que le hacía las funciones de sirviente
en busca de agua con la que poder calmar la terrible sed que padecía aquel día
por el calor repentino.
– No tardes- Advirtió Apolo al cuervo.
Tras
aquellas breves palabras el cuervo partió en busca de agua. Durante el camino,
una gran espiga verde surgió ante el cuervo frenándole la marcha:
– ¡Qué espiga tan tentadora! Pero esperaré a que madure
para que sea aún más sabrosa- Se dijo el pájaro.
De
este modo, el cuervo se olvidó de su cometido y tardó mucho tiempo en volver y
en cumplir la tarea que le había encomendado Apolo, el dios impaciente. Y tras
su acción, fue condenado a padecer sed durante todo el estío.
Leyenda del Cerro Monje
Hay
en las cercanías de San Javier un lugar único tal vez por su historia, historia
que ya es leyenda, porque hechos y fantasías se confunden en el tiempo. Se
trata del llamado " Cerro Monje", lugar a donde acuden centenares de
peregrinos que llegan allí para " pagar sus promesas" o para beber el
agua milagrosa que surge de una fuente natural o lavar con ella sus males.
Cuentan que hace casi siglos peregrinaba por el mundo un gran pecador buscando
una señal de Dios que le indicara que sus pecados habían sido perdonados.
Después de mucho ambular y de haber andado Uruguay arriba, naufrago frente a
San Javier su barca. Así llego hasta el cerro, verdadero peñasco sin
vegetación, salvo gramíneas escasa al cual escalo. En su cima se apoyo cansado
en el callado que llevaba, y donde este marco la peña surgió un manantial de
agua pura. Viendo en ello la señal divina que esperaba, comenzó una vida
austera, de sacrificios y ayuda al prójimo desde aquel lugar que adopto como
morada. Llegaban allí de todas parte, indios, portugueses, y españoles a
hacerse curar por aquel penitente, verdadero asceta que con sus manos y el agua
del manantial curaba todos los males. Un día desapareció como había llegado;
nadie supo de donde vino ni tampoco a donde fue. Pero el agua siguió emanando
de la fuente, y es dicho, que todo aquel que este exento de pecados y que pide
un favor especial encuentra agua en la fuente. Mas, aquellos que están en
pecado no la encuentran, debiendo reincidir en sus peregrinaciones hasta haber
saldado sus deudas con Dios. Entonces, se les otorga la petición. La gente del
pueblo explica que las aguas de la peña del Cerro Monje son milagrosas y tiene
extraños efectos curativos, tal como los tiempos del penitente.
La roca INACCESIBLE
En
el inicio de la civilización, cuando los hombres que habitaban la tierra tan
sólo disponían de palos y hachas de piedra para defenderse, existía una gran
montaña que aquellos hombres divisaban a lo lejos entusiasmados y soñadores.
Aquella montaña se encontraba inundada de exuberante vegetación que caía
derramada hasta sus valles. No encontraban, sin embargo, la forma de acceder a
la preciosa montaña debido a la dificultad que añadía un caudaloso río y las
escarpadas peñas de la misma. Aquellos hombres primitivos hicieron lo imposible
por acceder al camino situado más allá de la montaña, para lo que levantaron
sendos pilares con los que construir un puente con el cual poder divisar lo que
había al otro lado. Y finalmente, tras muchos días de inagotable esfuerzo, se
dieron por vencidos.
Cuando
un día el mal tiempo derribó todos aquellos pilares que habían creado y
levantado con tanto esfuerzo, los primitivos hombres quedaron atemorizados
pensando que la montaña tenía vida propia y grandes poderes. Sin embargo, no
llegaron a ir más allá ni a comprender nunca la verdadera causa del derrumbe, y
tal fue la incomprensión que, pasados muchos, muchos años, los hombres fueron
perdiendo el miedo y volvieron a desafiar y a enfrentarse a la misma tierra.
Y
de este modo, cuando ya no vestían pieles ni manejaban hachas, continuaron
desafiando a la Madre Naturaleza, despojándola sin piedad de toda su riqueza y
material precioso.
¡Qué
roca inaccesible eran los humanos para el Universo!
LA RIQUEZA Y LA POBREZA
Existió, hará un largo tiempo, un humilde hombre que vivía en la más absoluta pobreza. Este hombre tenía un hijo muy egoísta, que cansado de no recibir de su pobre padre cuanto le pedía, decidió que era hora de marcharse a iniciar su propia vida, llena de más caprichos y lujos.
Transcurridos
unos cuantos años desde la partida de su hijo, el padre habría logrado salir
adelante con muy buen pie, enriqueciéndose de tal forma gracias a sus negocios
en el mundo del comercio, que se había trasladado de casa y de ciudad, rodeado
de mil y una comodidades. Su hijo, por el contrario, no había conseguido salir
de la pobreza, y caminaba mendigando de pueblo en pueblo y viviendo gracias a
la ayuda de las gentes.
Aquel
padre, a pesar de haber abandonado su vida anterior y haberse convertido en un
hombre con tanta suerte, no conseguía olvidarse de su hijo, lamentándose día a
día de su marcha y soñando con su llegada:
Dónde estará
mi hijo! Yo ya soy viejo, y ¡desearía tanto que pudiese acompañarme en mis
últimos días de vida, y heredara con mi despedida toda mi riqueza!
Y,
cosas del destino, ocurrió que su hijo buscando limosna, llegara a la ciudad a
la que se había traslado el padre y que tocara a su misma puerta. Tan cansado
de caminar de allá para acá, el hijo ni siquiera reconoció a su padre, que se
encontraba reposando placenteramente sobre un sillón de buena mimbre en el
porche ajardinado de su gran casa.
Pero
el padre sí reconoció a su hijo, y muy emocionado se levantó de su sillón para
darle un gran abrazo, así como la bienvenida a su nuevo hogar. Sin embargo,
aquello no tuvo nunca lugar, porque el hijo, asustado ante tanta riqueza y
temeroso de ser humillado, salió corriendo de allí como alma que lleva el
diablo.
POEMAS
LA SEMILLA
DEL ROSAL
Mi mamá apostó por mí
cuando solo era semilla.
Me plantó y cuidó con mimo
en su linda barriguita.
cuando solo era semilla.
Me plantó y cuidó con mimo
en su linda barriguita.
Trabajase o disfrutase
me llevaba a donde fuera.
¡Qué lindos ratos pasamos!
¡Qué feliz que fui con ella!
me llevaba a donde fuera.
¡Qué lindos ratos pasamos!
¡Qué feliz que fui con ella!
Ahora que ya he crecido
y mis raíces se trenzan,
al fin puedo tocarla,
al fin he podido verla.
y mis raíces se trenzan,
al fin puedo tocarla,
al fin he podido verla.
Cuando yo guíe el rosal
haré lo mismo por ella,
y su perfume llevaré
donde me lleve la tierra.
haré lo mismo por ella,
y su perfume llevaré
donde me lleve la tierra.
Bichín
colorado
A la fresca de junio nació,
Bicho, bichín, bichón.
Tras la alegría de mayo,
como un ratón.
Bicho, bichín, bichón.
Tras la alegría de mayo,
como un ratón.
Con sonrosadas mejillas
y dedos muy largos.
Con la sonrisa pintada
¡y el juicio ya bien formado!
Así vino al mundo,
tras despedirnos de mayo,
el príncipe de los sabios:
…Bichín…
y dedos muy largos.
Con la sonrisa pintada
¡y el juicio ya bien formado!
Así vino al mundo,
tras despedirnos de mayo,
el príncipe de los sabios:
…Bichín…
¡Bichín Colorado!
Anunciando la madrugada llegó,
Bicho, bichín, bichón.
Tiñéndolo de amor todo
con su canción.
Bicho, bichín, bichón.
Tiñéndolo de amor todo
con su canción.
El
velero hacia la mar
navegaba el velero
sobre la mar.
sobre la mar.
¡Velero!
Gritaban los delfines.
¡Velero!
Cantaban las ballenas
guiando con su canto
al velero en su remar.
Gritaban los delfines.
¡Velero!
Cantaban las ballenas
guiando con su canto
al velero en su remar.
Soñaba el velero
con surcar las aguas,
las aguas del mar.
con surcar las aguas,
las aguas del mar.
Hasta
no poder MÁS
Felipe y Carola
se querían…,
hasta no poder más.
se querían…,
hasta no poder más.
Corrían,
saltaban,
y jugaban a deletrear.
saltaban,
y jugaban a deletrear.
Hacían figuras
de arcilla, de arena…
de papel y tijera.
de arcilla, de arena…
de papel y tijera.
Alternaban pares y nones
tras sus riñones.
Escribían poemas de amor,
y leían cuentos de sal
y mucho pimiento.
tras sus riñones.
Escribían poemas de amor,
y leían cuentos de sal
y mucho pimiento.
La mamá de Felipe
decía, que los niños
no saben de amar,
pero Felipe y Carola
se querían…
hasta no poder más.
decía, que los niños
no saben de amar,
pero Felipe y Carola
se querían…
hasta no poder más.
El
Mago de la Serpiente
Se oye hablar
de un misterioso hombre,
delgado y con tocado
muy bien arreglado,
que toca sentado
frente a un cesto repleto,
de cientos de mantos espesos.
de un misterioso hombre,
delgado y con tocado
muy bien arreglado,
que toca sentado
frente a un cesto repleto,
de cientos de mantos espesos.
Dicen que oculta un secreto
muy bien guardado,
tras su flauta travesera de color dorado:
comienza el soniquete, como salido de oriente,
que hace vibrar poco a poco,
y salir del cesto,
a una enorme serpiente.
muy bien guardado,
tras su flauta travesera de color dorado:
comienza el soniquete, como salido de oriente,
que hace vibrar poco a poco,
y salir del cesto,
a una enorme serpiente.
Yo digo que hace magia
y mamá, que afila cuchillos.
y mamá, que afila cuchillos.
TRABALENGUAS
PEPE PECAS
Pepe Pecas pica papas con un
pico,
con un pico pica papas Pepe Pecas.
Si Pepe Pecas pica papas con un pico,
¿dónde está el pico con que Pepe Pecas pica papas?
con un pico pica papas Pepe Pecas.
Si Pepe Pecas pica papas con un pico,
¿dónde está el pico con que Pepe Pecas pica papas?
ME HAN DICHO
Me han dicho que has dicho
un dicho que he dicho yo.
El que lo ha dicho, mintió.
Y en caso que hubiese dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo,
dicho y redicho quedó.
y estaría muy bien dicho,
siempre que yo hubiera dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo.
un dicho que he dicho yo.
El que lo ha dicho, mintió.
Y en caso que hubiese dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo,
dicho y redicho quedó.
y estaría muy bien dicho,
siempre que yo hubiera dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo.
CUANDO CUENTES CUENTOS
Cuando
cuentes cuentos,
cuenta cuantos cuentos cuentas,
porque si no cuentas cuantos cuentos cuentas
nunca sabrás cuantos cuentos cuentas tú.
cuenta cuantos cuentos cuentas,
porque si no cuentas cuantos cuentos cuentas
nunca sabrás cuantos cuentos cuentas tú.
NO ME MIRES
No me mires que nos miran,
nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no nos miren nos miraremos,
porque si nos miramos
nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no nos miren nos miraremos,
porque si nos miramos
descubrir pueden
que nos amamos.
que nos amamos.
TRES TRISTES TRAPECISTAS
Tres tristes trapecistas con tres trapos troceados
hacen trampas truculentas
porque suben al trapecio por trapos y no por cuerdas.
hacen trampas truculentas
porque suben al trapecio por trapos y no por cuerdas.
CHISTES
HABÍA UNA VEZ UNA
TORTUGUITA QUE FUE A SU PRIMER
DÍA
DE CLASES Y CUANDO
LLEGÓ…
¡YA ESTABAN DE VACACIONES!
¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE
UNA PULGA Y UN ELEFANTE?
QUE EL ELEFANTE PUEDE TENER
PULGAS
Y UNA PULGA NO PUEDE TENER
ELEFANTES.
·
BUENOS DÍAS, ¿HACE MUCHO QUE ESPERA?
·
NOOO… SIEMPRE EH
SIDO MANZANA.
·
PAPÁ, PAPÁ,
¿LOS MARCIANOS SON
AMIGOS O ENEMIGOS?
·
¿POR QUÉ LO
PREGUNTAS HIJO?
·
PORQUE SE HAN
LLEVADO A LA ABUELA
·
ENTONCES SON
AMIGOS.
SUENA EL TELÉFONO:
·
DÍGAME.
·
MEEEEEE…
¿CUÁL ES EL PÁJARO
MÁS ADINERADO?
EL PE-RIQUITO.
ADIVINANZAS
TE
DOY MI LECHE Y MI LANA
Y
PARA HABLAR DIGO BEEE..
SI
NO ADIVINAS MI NOMBRE
NUNCA
TE LO DIRÉ
¿QUIÉN
SOY?
·
(LA OVEJA)
SALGO TODAS LAS MAÑANAS,
POR LA TARDE ME ESCONDO.
DOY SIEMPRE LUZ Y CALOR
Y SOY… REDONDO, REDONDO.
¿QUIÉN SOY?
·
(EL
SOL)
EN
LA LAGUNA NADANDO ESTÁ,
Y
CUANDO HABLA DICE…
CUÁ,
CUÁ, CUÁ
¿QUIÉN
SOY?
·
(EL
PATO)
CUANDO
LLUEVE,
Y
SALE EL SOL,
TODOS
LOS COLORES
TENGO
YO.
·
(EL
ARCO IRIS)
LLEVO
MI CASA AL HOMBRO,
CAMINO
SIN UNA PATA
Y
VOY DEJANDO MI HUELLA,
CON
UN HILITO DE PLATA
¿QUIÉN
SOY?
·
(EL
CARACOL)
UN
BICHO PEQUEÑO
VUELA
ENTRE LAS FLORES
Y
TIENE LAS ALAS DE MUCHOS COLORES
¿QUIÉN
SOY?
·
(LA
MARIPOSA)
RIMAS
Autora de esta adaptación: Isabel Tapiador
UN DRAGÓN MADRUGADOR
DUERME DE
MADRUGADA. MADRUGA,
DRAGÓN,
MADRUGA, QUE YA DORMIRÁS
MAÑANA.
UN PAJARITO
ME DIJO AL OÍDO
PÍO, PÍO, PÍO
TENGO MUCHO FRÍO.
EL
PERRITO TRAVIESO,
NO
QUIERE QUESO
PORQUE
LE GUSTA
EL
HUESO.
LORENA,
LA BALLENA,
NADA
EN EL MAR
COMO
UNA SIRENA.
MAÑA,
LA ARAÑA, VIVE ALLÍ
ARRIBA,EN
SU TELARAÑA.
EL
RATÓN GLOTÓN
DICE
QUE LE GUSTA
LA
TORTA UN MONTÓN.
OBRA DE TÍTERES
El Gatito Desobediente
Autora de esta adaptación: Isabel Tapiador
(Aparece un conejo llevando entre los
brazos un montón de plantas de distintos tipos que deberá colocar aquí y allá,
deben ser nuestra escenografía.)
CONEJO.-
-¡No tengo tiempo, no tengo tiempo!
(-¿Os recuerda a alguien?) (Mira a todos lados hecho un lío, no sabe donde colocar las plantas)
-¡Esto está a punto de empezar!
(Se da cuenta de que está el público)
-¡Uy, esto ha empezado ya!
(Se lleva las manos a la cabeza, con lo cual se le cae el montón de plantas)
-¡Mis plantas!
(Intenta no pisarlas, se lía, resbala, se cae, se levanta)
Tranquilidad, mucha tranquilidad, soy el narrador, así que voy a narrar.
(Se coloca muy tieso y formal, de repente hace una mueca, como un espasmo nervioso que pasa de inmediato y comienza a narrar; esta mueca nerviosa le sucederá de vez en cuando.)
Érase una vez un gatito, tan pequeñito, tan pequeñito, que ni siquiera sabía que era un gatito. (Mueca nerviosa) (Mira hacia los lados receloso y dice la siguiente frase como si fuera un secreto)
Vivía entre los humanos, esto siempre le lía a uno un poco.
(Mueca nerviosa)
Este gatito, que se llamaba Ambrosio, cosas de humanos, era también muy, muy, muy desobediente. Un día, la niña humana que era su dueña…
(Mueca nerviosa)
…La niña le dijo “No salgas del jardín, que te puedes perder”.
-¿Y qué hizo el gatito Ambrosio? -¡Se escapó al bosque!
Ahora mismo lo vais a ver, yo lo sé porque andaba por allí.
(Ve las plantas caídas, recoge todo el ramillete)
-¡Oh, no hay tiempo, no hay tiempo!
(Sale de escena, de inmediato vuelve a entrar con una sola planta que coloca en algún lugar de la escena.)
CONEJO.-
-¡Perdón!
(Coloca planta, mueca nerviosa, se va)
-¡No tengo tiempo, no tengo tiempo!
(-¿Os recuerda a alguien?) (Mira a todos lados hecho un lío, no sabe donde colocar las plantas)
-¡Esto está a punto de empezar!
(Se da cuenta de que está el público)
-¡Uy, esto ha empezado ya!
(Se lleva las manos a la cabeza, con lo cual se le cae el montón de plantas)
-¡Mis plantas!
(Intenta no pisarlas, se lía, resbala, se cae, se levanta)
Tranquilidad, mucha tranquilidad, soy el narrador, así que voy a narrar.
(Se coloca muy tieso y formal, de repente hace una mueca, como un espasmo nervioso que pasa de inmediato y comienza a narrar; esta mueca nerviosa le sucederá de vez en cuando.)
Érase una vez un gatito, tan pequeñito, tan pequeñito, que ni siquiera sabía que era un gatito. (Mueca nerviosa) (Mira hacia los lados receloso y dice la siguiente frase como si fuera un secreto)
Vivía entre los humanos, esto siempre le lía a uno un poco.
(Mueca nerviosa)
Este gatito, que se llamaba Ambrosio, cosas de humanos, era también muy, muy, muy desobediente. Un día, la niña humana que era su dueña…
(Mueca nerviosa)
…La niña le dijo “No salgas del jardín, que te puedes perder”.
-¿Y qué hizo el gatito Ambrosio? -¡Se escapó al bosque!
Ahora mismo lo vais a ver, yo lo sé porque andaba por allí.
(Ve las plantas caídas, recoge todo el ramillete)
-¡Oh, no hay tiempo, no hay tiempo!
(Sale de escena, de inmediato vuelve a entrar con una sola planta que coloca en algún lugar de la escena.)
CONEJO.-
-¡Perdón!
(Coloca planta, mueca nerviosa, se va)
(Aparece en escena una vallita blanca
de madera, por la que vemos aparecer al gatito, primero se asoma despacio,
varias veces, por fin abre la valla y sale del jardín, le vemos entero, está
emocionado)
GATITO.-
-¡El bosque!
(De repente sale a todo correr hasta
que dejamos de verle, desaparece la vallita blanca y entra conejo)
CONEJO.-
-¡Perdón!
(Coloca planta, mueca nerviosa, se va)
(El gatito Ambrosio cruza toda la
escena, se mueve rápido emocinado, mira a todos lados, se detiene en un momento
del recorrido para decir:)
GATITO.-
-¡Qué bonito es todo!
(Vuelve a entrar, ya no está tan
contento)
-¿Dónde estoy? Esto es muy grande.
(Vemos un Sol que va bajando mientras
cruza la escena)
Se hace de noche, tengo frío, y hambre.
(Se oye la voz de un conejo, es nuestro
narrador, pero cuando era pequeño)
CONEJO.-
-¡Una zanahoria!
(Oímos como se la come)
(Entra en escena de golpe)
-¡Qué rica!
(El gatito está intentando alejarse
sigilosamente, el conejo le ve)
CONEJO.-
-¡Anda, hola!
(El gatito se queda inmóvil)
-¡Pero qué haces, si ya te he visto!
(Gatito inmóvil)
-¡Buhh!
GATITO.-
-¡Ay! -¿Tú quién eres?
CONEJO.-
-¿Y tú?
GATITO.-
No lo sé.
CONEJO.-
-¡Anda qué risa!
GATITO.-
Estoy perdido.
(Gimotea)
CONEJO.-
No llores, vamos con mi mamá, que sabrá
lo que hay que hacer.
GATITO.-
-¡Vale!
CONEJO.-
-¡Y nos dará comidita!
GATITO.-
-¡Qué bien!
(Salen) (Una puerta aparece en el
centro de la escena, por un extremo de la escena entran nuestros amigos, cuando
llegan a la puerta, el conejito llama y dice:)
CONEJO.-
-¡Mamá, mamá, he encontrado un conejito
perdido en el bosque, le he traído conmigo!
(Por el otro extremo de la escena entra
la madre y abre la puerta, los chicos pasan al otro lado y la puerta
desaparece)
MADRE.-
Has hecho muy bien, hijo. Comed algo
antes de dormir y mañana ya buscaremos a tus padres. Por aquí tengo…-¡una
zanahoria!
(El gatito niega con la cabeza)
CONEJO.-
-¡Zanahoria!
(La devora)
MADRE.-
Por aquí tengo…-¡lechuga!
(El gatito niega con la cabeza)
CONEJO.-
-¡Lechuga!
(La devora)
MADRE.-
-¿No te gustan la zanahoria ni la
lechuga?
(El gatito niega con la cabeza)
Tú no vas a ser un conejito.
CONEJO.-
-¡Ahí va!
GATITO.-
No lo sé.
MADRE.-
Deja que te vea bien…-¡Vaya, qué cola
tan larga tienes y qué orejas tan pequeñas! -¿Te gusta subirte a los árboles?
GATITO.-
-¡Sí, sí, eso sí!
MADRE.-
Entonces ya lo sé, -¡eres una ardilla!
GATITO Y CONEJO.-
-¡Ohhh!
MADRE.-
Vamos, te voy a llevar con los tuyos.
GATITO.-
-¡Bieeeen!
CONEJO.-
Yo también voy.
MADRE.-
No, tú acuéstate que ya es muy tarde.
CONEJO.-
-¡Vaya!
MADRE.-
Un beso hijo.
(Se dan un beso)
CONEJO.-
-¿Me das otra zanahoria?
MADRE.-
Acuestateee.
CONEJO.-
-¡Vaya! -¡Suerte compañero!
GATITO.-
-¡Suerte conejito!
(Salen madre y gatito)
CONEJO.-
(Les ve marchar, mira al público, hace
mueca nerviosa y se va a dormir. Sale)
(Entra nuestro narrador, ya adulto, con
una gran rama de árbol que coloca horizontalmente en primer término)
CONEJO.-
-¡No llego a tiempo, no llego a tiempo!
(El peso de la rama le lleva de un lado
a otro, al final consigue colocarla)
Aquí está muy bien.
(Mira al público)
-¿Verdad que era guapo de pequeñito?
(Mueca nerviosa y sale)
(En un lado de la rama hay colocado un
montoncito de nueces, una ardilla sube a la rama con una nuez más que añade al
montón)
ARDILLA.-
Por hoy ya está bien, es de noche y no
se ve un pimiento, menos mal que yo como nueces. -¡Ji, ji, ji, ji…!
(Se revuelca de la risa)
-¡Ju, ju, ju, ju…!
(Oímos , pero no vemos, a la madre
coneja.)
MADRE.-
-¡Venga, anímate, tú puedes subir!
-¡Ardilla, aquí te dejo una ardillita que se ha perdido en el bosque!
ARDILLA.-
Vale, vale, vale, -¡qué suuuuba!
GATITO.-
(Empezamos a oírle hasta que consigue
trepar lo suficiente para que lo veamos)
-¡Voy, voy….voy, voy, voy, voy…!
(Ya le vemos, pero pierde el equilibrio
y…)
-¡Ay, ay,…ay, ay, ay…!
(Se cae)
ARDILLA.-
-¡Chico, chico! -¡Arriba, arriba, arriba!
GATITO.-
-¡Voy, voy, voy, voy!
(Pierde el equilibrio)
-¡Ay, ay, ay, ay!
ARDILLA.-
-¡Chico, chico! -¡Agárrate!
(El gatito lo consigue, llega a la rama
con la ardilla)
AMBOS.-
-¡Bieeeen!
(La ardilla, un poco bruta, le da unos
manotazos de ánimo en la espalda mientras le habla, el gatito, exhausto y
asombrado, es zarandeado de mala manera.)
ARDILLA.-
-¡Bueno campeón,lo has conseguido, je,
je, je, je! Después de tanto esfuerzo tendrás hambre.
GATITO.-
No he comido en todo el día.
ARDILLA.-
Pues coge una de esas, no te cortes.
(El gatito no tiene ni idea de cómo se
come una nuez, coge una entera, con cáscara y todo, y se la intenta tragar, se
atraganta, no puede respirar, hace aspavientos.
-¡Chico, chico!
(Le da más manotazos para que expulse
la nuez)
-¡Escupe, escupe,…allá voooy!
(La ardilla se tira encima del gatito,
que es aplastado pero consigue expulsar la nuez; con el impacto, el gatito
suelta también un tremendo maullido)
-¡Pero cómo que “miau”!
GATITO.-
No sé.
ARDILLA.-
-¿Has dicho “miau”?
GATITO.-
Creo que sí.
ARDILLA.-
Entonces tú no eres una ardilla, -¡eres
un gato chico, un gato! -¡je, je, je, je!
(Le da manotazos)
GATITO.-
-¿Estás seguro?
ARDILLA.-
-¡Claro que sí!
(Entra volando una lechuza)
LECHUZA.-
Yo también estoy segura.
ARDILLA.-
-¡Anda la lechuza!
LECHUZA.-
Eres un gatito.
GATITO.-
-¡Bieeeen!
LECHUZA.-
Te veo todos los días cuando vuelo por
encima de tu casa.
GATITO.-
-¿Sabes dónde vivo?
LECHUZA.-
En la casita azul con la vallita
blanca.
ARDILLA.-
-¡Anda la lechuza!
GATITO.-
-¿Me puedes llevar a casa?
LECHUZA.-
-¡Claro!
GATITO.-
-¡Bieeeen!
LECHUZA.-
Sígueme,yo voy volando y tú corriendo.
(La lechuza comienza el viaje)
GATITO.-
Adiós, amiga ardilla.
ARDILLA.-
-¡Chico, chico!
(Se abrazan)
GATITO.-
-¡Espérame Lechuza!
(Atolondrado, tropieza con las nueces y
las tira, dejamos de verle)
ARDILLA.-
-¡Chico, las nueces!
(Baja a por ellas, entra el conejo)
CONEJO.-
-¡Justo a tiempo, justo a tiempo!
(Coge la rama, el peso lo arrastra para
aquí y para allá, mueca nerviosa, se la lleva)
(En el centro aparece una vallita
blanca, entra volando la lechuza y a continuación el gatito corriendo,
jadeante)
GATITO.-
-¡Mi casita, gracias, lechuza!
LECHUZA.-
De nada, ya nos veremos.
(Se va volando) (El gatito abre la
valla y pasa al otro lado, sale de escena maullando, la valla desaparece)
(Oímos las voces del gatito y de su dueña, no les vemos)
GATITO.-
-¡Miauuu!
NIÑA.-
-¡Ambrosio, te he echado mucho de
menos!
GATITO.-
-¡Miaaau!
NIÑA.-
Mañana vamos juntos a jugar al bosque.
GATITO.-
-¡Miaauu, miaauu!
NIÑA.-
-¡Ambrosio!
(Entra la ardilla)
ARDILLA.-
(Buscando)
-¿Pero dónde están mis nueces?,
-¡estaban aquí, aquí!
(Entra el conejo, lleva las nueces
entre sus manos)
CONEJO.-
-¡Hay que recogerlo todo, el cuento ha
terminado, ha terminado!
(Sale)
ARDILLA.-
(Pasmada, mirando hacia donde salió el
otro)
-¡Chico, chico, mis nueces, chico,
chico!
(Sale, persiguiendo al conejo)
(Entra la lechuza)
LECHUZA.-
Y colorado colorín, el gatito a su
casita llegó por fin.
(Se va volando.)
FIN
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