sábado, 27 de octubre de 2018

EL MUNDO DE LA LECTURA


CUENTOS


Caperucita y las aves

Hubo una vez en el mundo, un invierno crudo y feroz, que hacía temblar de frío todas las criaturas del bosque, en especial los pájaros pequeños. La nieve cubría la tierra, y llenaba de fría escarcha las ramas de los árboles. De esta manera, era imposible para las avecillas buscar comida con que alimentar a sus crías.
La hermosa y buena Caperucita, sintió compasión de los pajaritos y comenzó a llenar su ventana con granos de arroz. En pocos segundos, la ventana se llenó de estas criaturas, que además, buscaban el calor de la casa. Entonces, Caperucita dejó pasar a todas las aves del bosque, quienes se refugiaron a los pies de la chimenea.
Con el tiempo, los alimentos comenzaron a escasear también para los hombres, y la aldea vecina decidió atacar el poblado donde vivía Caperucita con el fin de arrebatarle todas sus provisiones. “Nos superan en número. Debemos pedir ayuda al Rey” gritó uno de los habitantes, pero otro dijo “Es imposible. Los caminos están cubiertos por la nieve”.
Entonces, la joven Caperucita pidió a la paloma que enviara un mensaje al rey, y la blanca ave pareció entender, pues salió a toda velocidad por la ventana. Con el paso de los días, Caperucita no recibía noticias de la paloma y para colmo de males, los enemigos habían entrado en el pueblo con la intención de saquear cada una de las casas.
Fue en ese preciso instante, cuando asomó la esperanza, y aparecieron milagrosamente los guardias del Rey, propinando una severa golpiza a los malhechores, quienes huyeron a toda prisa del lugar. La paloma mensajera llegaba detrás, volando con sus últimas fuerzas hasta caer en las manitas tiernas de Caperucita.


LOS TRES CERDITOS

Había una vez 3 cerditos que eran hermanos y vivían en lo más profundo del bosque. Siempre habían vivido felices y sin preocupaciones en aquel lugar, pero ahora se encontraban temerosos de un lobo que merodeaba la zona. Fue así como decidieron que lo mejor era construir cada uno su propia casa, que les serviría de refugio si el lobo los atacaba.
El primer cerdito era el más perezoso de los hermanos, por lo que decidió hacer una sencilla casita de paja, que terminó en muy poco tiempo. Luego del trabajo se puso a recolectar manzanas y a molestar a sus hermanos que aún estaban en plena faena.
El segundo cerdito decidió que su casa iba a ser de madera, era más fuerte que la de su hermano pero tampoco tardó mucho tiempo en construirla. Al acabar se le unió a su hermano en la celebración.
El tercer cerdito que era el más trabajador, decidió que lo mejor era construir una casa de ladrillos. Le tomaría casi un día terminarla, pero estaría más protegido del lobo. Incluso pensó en hacer una chimenea para azar las mazorcas de maíz que tanto le gustaban.
Cuando finalmente las tres casitas estuvieron terminadas, los tres cerditos celebraron satisfechos del trabajo realizado. Reían y cantaban sin preocupación -“¡No nos comerá el lobo! ¡No puede entrar!”.
El lobo que pasaba cerca de allí se sintió insultado ante tanta insolencia y decidió acabar con los cerditos de una vez. Los tomó por sorpresa y rugiendo fuertemente les gritó: -“Cerditos, ¡me los voy a comer uno por uno!”.
Los 3 cerditos asustados corrieron hacia sus casas, pasaron los pestillos y pensaron que estaban a salvo del lobo. Pero este no se había dado por vencido y se dirigió a la casa de paja que había construido el primer cerdito.
– “¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme o soplaré y la casa derribaré!”- dijo el lobo feroz.
Como el cerdito no le abrió, el lobo sopló con fuerza y derrumbó la casa de paja sin mucho esfuerzo. El cerdito corrió todo lo rápido que pudo hasta la casa del segundo hermano.
De nuevo el lobo más enfurecido y hambriento les advirtió:
-“¡Soplaré y soplaré y esta casa también derribaré!”
El lobo sopló con más fuerza que la vez anterior, hasta que las paredes de la casita de madera no resistieron y cayeron. Los dos cerditos a duras penas lograron escapar y llegar a la casa de ladrillos que había construido el tercer hermano.
El lobo estaba realmente enfadado y decidido a comerse a los tres cerditos, así que sin siquiera advertirles comenzó a soplar tan fuerte como pudo. Sopló y sopló hasta quedarse sin fuerzas, pero la casita de ladrillos era muy resistente, por lo que sus esfuerzos eran en vano.
Sin intención de rendirse, se le ocurrió trepar por las paredes y colarse por la chimenea. -“Menuda sorpresa le daré a los cerditos”, – pensó.
Una vez en el techo se dejó caer por la chimenea, sin saber que los cerditos habían colocado un caldero de agua hirviendo para cocinar un rico guiso de maíz. El lobo lanzó un aullido de dolor que se oyó en todo el bosque, salió corriendo de allí y nunca más regresó.

Los cerditos agradecieron a su hermano por el trabajo duro que había realizado. Este los regañó por haber sido tan perezosos, pero ya habían aprendido la lección así que se dedicaron a celebrar el triunfo. Y así fue como vivieron felices por siempre, cada uno en su propia casita de ladrillos.

EL PATITO FEO

Al igual que todos los años, en los meses de verano, la Señora Pata se dedicaba a empollar. El resto de las patas del corral siempre esperaban con muchos deseos que los patitos rompiesen el cascarón para poder verlos, pues los patitos de esta distinguida pata siempre eran los más bellos de todos los alrededores.
El momento tan esperado llegó, lo que causó un gran alboroto ya que todas las amigas de mamá pata corrieron hacia el nido para ver tal acontecimiento. A medida que iban saliendo del cascarón, tanto la Señora Pata como sus amigas gritaban de la emoción de ver a unos patitos tan bellos como esos. Era tanta la algarabía que había alrededor del nido que nadie se había percatado que aún faltaba un huevo por romperse.
El séptimo era el más grande de todos y aún permanecía intacto lo que puso a la expectativa a todos los presentes. Un rato más tarde se empezó a ver como el cascarón se abría poco a poco, y de repente salió un pato muy alegre. Cuando todos lo vieron se quedaron perplejos porque este era mucho más grande y larguirucho que el resto de los otros patitos, y lo que más impresionó era lo feo que era.
Esto nunca le había ocurrido a la Señora Pata, quien para evitar las burlas de sus amigas lo apartaba con su ala y solo se dedicaba a velar por el resto de sus hermanitos. Tanto fue el rechazo que sufrió el patito feo que él comenzó a notar que nadie lo quería en ese lugar.
Toda esta situación hizo que el patito se sintiera muy triste y rechazado por todos los integrantes del coral e incluso su propia madre y hermanos eran indiferentes con él. Él pensaba que quizás su problema solo requería tiempo, pero no era así pues a medida que pasaban los días era más largo, grande y mucho más feo. Además se iba convirtiendo en un patito muy torpe por lo que era el centro de burlas de todos.
Un día se cansó de toda esta situación y huyó de la granja por un agujero que se encontraba en la cerca que rodeaba a la propiedad. Comenzó un largo camino solo con el propósito de encontrar amigos a los que su aspecto físico no les interesara y que lo quisieran por sus valores y características.
Después de un largo caminar llegó a otra granja, donde una anciana lo recogió en la entrada. En ese instante el patito pensó que ya sus problemas se habían solucionado, lo que él no se imaginaba que en ese lugar sería peor. La anciana era una mujer muy mala y el único motivo que tuvo para recogerlo de la entrada era usarlo como plato principal en una cena que preparaba. Cuando el patito feo vio eso salió corriendo sin mirar atrás.
Pasaba el tiempo y el pobrecillo continuaba en busca de un hogar. Fueron muchas las dificultades que tuvo que pasar ya que el invierno llegó y tuvo que aprender a buscar comida en la nieve y a refugiarse por sí mismo, pero estas no fueron las únicas pues tuvo que esquivar muchos disparos provenientes de las armas de los cazadores.
Siguió pasando el tiempo, hasta que por fin llegó la primavera y fue en esta bella etapa donde el patito feo encontró por fin la felicidad. Un día mientras pasaba junto a estanque diviso que dentro de él había unas aves muy hermosas, eran cisnes. Estas tenían clase, eran esbeltas, elegantes y se desplazaban por el estanque con tanta frescura y distinción que el pobre animalito se sintió muy abochornado por lo torpe y descuidado que era él.
A pesar de las diferencias que él había notado, se llenó de valor y se dirigió hacia ellos preguntándole muy educadamente que si él podía bañarse junto a ellos. Los cisnes con mucha amabilidad le respondieron todos juntos:
– ¡Claro que puedes, como uno de los nuestros no va a poder disfrutar de este maravilloso estanque!
El patito asombrado por la respuesta y apenado les dijo:
– ¡No se rían de mí! Como me van a comparar con ustedes que están llenos de belleza y elegancia cuando yo soy feo y torpe. No sean crueles burlándose de ese modo.
– No nos estamos riendo de ti, mírate en el estanque y veras como tu reflejo demostrara cuan real es lo que decimos.- le dijeron los cisnes al pobre patito.
Después de escuchar a las hermosas aves el patito se acercó al estanque y se quedó tan asombrado que ni el mismo lo pudo creer, ya no era feo. ¡Se había transformado en un hermoso cisne durante todo ese tiempo que pasó en busca de amigos! Ya había dejado de ser aquel patito feo que un día huyó de su granja para convertirse en el más bello y elegante de todos los cisnes que nadaban en aquel estanque.

JUAN SIN MIEDO

Había una vez, en una aldea que contaba con pocos habitantes, un hombre que tenía dos hijos. El mayor jamás lo disgustaba pues era un muchacho trabajador, asentado y muy emprendedor, mientras que el segundo era todo lo contrario pues aún no lograba establecerse decentemente. Ya el padre mayor y enfermo se acerca al joven y le dice:
– Sabes que nuestra situación económica no es muy favorables, así que el día que falte no podrás heredar mucho de mí. Yo noto que nada te motiva y que no has sido capaz aún de encontrar un trabajo que te permita vivir modestamente. ¿No hay nada en la vida que te gustaría aprender hacer?
– Si padre quiero aprender a sentir miedo. Hasta el momento ninguna de las historias de monstruos que he escuchado me han causado temor, mientras que a todos los que la escuchan alrededor mío se aterran.
El padre decepcionado por la respuesta de su hijo le dijo que se marchara de la casa en busca del miedo, para ver si de ese modo su hijo encontraba el camino correcto de la vida. Y así hizo Juan, se despidió de su única familia, su padre y su hermano, y comenzó su largo recorrido el cual no tenía rumbo pero si un propósito, encontrar al miedo. Durante la travesía se encontró a un sacristán con el que instauró una amena conversación.
– Buenas, mi nombre es Juan Sin Miedo.
Ante tal presentación el sacristán le respondió:
– Es tu nombre muy poco usual.
– Mi nombre se debe a que siempre he vivido sin miedo y es por eso que he abandonado mi casa y he llegado hasta tan lejos. ¿Podría usted decirme dónde puedo hallarlo?
– Tal vez pueda ayudarte- fue la respuesta del sacristán, quien posteriormente comenzó a narrarle una historia muy antigua.
– Hace muchos, pero muchos años en un lugar que está más allá del valle existía un castillo que era gobernado por un mago maléfico. Ahora el dueño del castillo es un pobre rey que ha ofrecido grandes riquezas al que logre liberar a su castillo de ese malvado mago. Hasta el momento todos habían fracasado y tenían que huir muy aterrados. Estoy seguro de que en ese lugar encontrarás eso que tanto deseas.
Una vez que el hombre terminó la historia, Juan partió en busca de este castillo y de su terrible maldición. Cuando llegó a la puerta del lugar les dijo a los guardias que se encontraban allí:
– Mi nombre es Juan Sin Miedo y necesito conversar con vuestro rey.
Uno de los guardias lo llevó al salón del trono donde se encontraba el rey. En ese preciso instante el rey le explicó las condiciones que debía cumplir para poder liberar al castillo de este terrible poder malvado.
– Serás un hombre muy rico pues si logras pasar tres noches allí y liberas a mi castillo de esta maldición, te entregaré todo el oro de mi reino.
Asombrado del ofrecimiento, Juan le respondió:
– Es usted muy amable, y le agradezco mucho lo que pretende hacer, pero mi único objetivo es poder descubrir que es sentir miedo.
A pesar de sus palabras, el rey tenía pocas esperanzas pues muchos habían intentado y habían fracasado.
Y llegó la primera noche de Juan en el castillo; ya estaba durmiendo cuando un quejido aterrador proveniente de un sombrío fantasma lo despertó.
– ¿Quién eres tú que has tenido la osadía de despertarme?- Preguntó Juan sin temor alguno.
A Juan no le importó ninguno de los chillidos de ese fantasma, y continuó con su sueño. Al día siguiente cuando el rey visitó al muchacho en el castillo conversó con él, siempre recordándole que para poder cumplir su acuerdo aún le quedaban dos noches más. Y llegó la segunda noche, cuando nuevamente Juan volvió a sentir los alaridos de ese espectro y comenzó a buscar el lugar de donde provenían. Cuando Juan vio que el fantasma que lo había despertado por segunda vez se encontraba preso de una cadena, corrió a liberarlo, logrando de este modo que el espectro desapareciera para siempre de la habitación y del castillo.
A pesar de esto el rey aún no estaba satisfecho con el valor del joven pues no había terminado de cumplir su promesa de pasar las tres noches en el castillo embrujado. Y llegó la tercera y última noche cuando ya estaba dormido nuevamente y sintió que lo pasos de una desagradable momia lo despertaron.
– ¿Quién eres tú que te has atrevido a despertarme?- Preguntó Juan esperando una respuesta rápida.
Debido a que no escuchó ninguna respuesta, Juan se levantó y le quitó la venda a la momia, y pudo ver que debajo de esos trapos se encontraba el malvado mago quien le dijo:
– Por lo que he visto mi magia no te hace efecto, así que si me dejas escapar el castillo quedará libre de todos mis hechizos.
Ante tal noticia el Rey estaba lleno de alegría. Todo el reino se reunió a las puertas del castillo para demostrarle a Juan Sin Miedo su alegría y agradecimiento y celebrar junto a él su gran hazaña. Debido a la gratitud del rey hacia Juan este le permitió vivir en su castillo por mucho tiempo, y cada momento que pasaba allí estaba seguro de que jamás conocería el miedo.
Después de muchos años una de las hijas del rey dejó caer una pecera llenas de pececitos sobre la cama de Juan Sin Miedo. Ante tal hecho, el joven gritó:
– ¡Quítenme esto de aquí! ¡Qué miedo tengo!
De este modo fue como Juan Sin Miedo descubrió el miedo, inexplicable que unos simples pececitos de colores causaran tal temor en el valiente joven. A pesar de que por primera vez la joven princesa vio que Juan tenía miedo decidió no contar nada de lo sucedido para que aquel hombre siguiese siendo “Juan Sin Miedo”.

EL GIGANTE EGOÍSTA

Hace muchos años, en un pequeño pueblo, existían cinco niños muy amigos que cada tarde salían a jugar al bosque. Los pequeños correteaban por la yerba, saltaban a los árboles y se bañaban en los ríos con gran felicidad. En realidad, eran muy unidos y les gustaba sentirse en compañía de los animales y el calor que les brindaba el Sol. Sin embargo, cierta tarde, los niños se alejaron del bosque y fueron a dar con un inmenso castillo resguardado por unos altos muros.
Sin poder contener la curiosidad, treparon los muros y se adentraron en el jardín del castillo, y después de varias horas de juego, sintieron una voz terrible que provenía de adentro. “¿Qué hacen en mi castillo? ¡Fuera de aquí!”.
Asaltados por el miedo, los cinco niños se quedaron inmóviles mirando hacia todas partes, pero en seguida se asomó ante sus ojos un gigante egoísta horroroso con los ojos amarillos. “Este es mi castillo, rufianes. No quiero que nadie ande merodeando. Largo de aquí y no se atrevan a regresar. ¡Fuera!”. Sin pensarlo dos veces, los niños salieron disparados a toda velocidad de aquel lugar hasta perderse en la lejanía.
Para asegurarse de que ningún otro intruso penetraría en el castillo, el gigante reforzó los muros con plantas repletas de espinas y gruesas cadenas que apenas dejaban mirar hacia el interior. Además, en la puerta principal, el gigante egoísta y malhumorado colocó un cartel enorme donde se leía: “¡No entrar!”.
A pesar de todas estas medidas, los niños no se dieron por vencidos, y cada mañana se acercaban sigilosos a los alrededores del castillo para contemplar al gigante. Allí se quedaban por un largo rato hasta que luego regresaban con tristeza a casa. Tiempo después, tras la primavera, arribó el verano, luego el otoño, y finalmente el invierno. En pocos días, la nieve cubrió el castillo del gigante y le aportó un aspecto sombrío y feo. Los fuertes vientos arreciaban en las ventanas y las puertas, y el gigante permanecía sentado en su sillón deseando que regresara nuevamente la primavera.
Al cabo de los meses, el frío por fin se despidió y dio paso a la primavera. El bosque gozó nuevamente de un verde brillante muy hermoso, el Sol penetró en la tierra y los animales abandonaron sus guaridas para poblar y llenar de vida la región. Sin embargo, eso no sucedió en el castillo del gigante egoísta. Allí la nieve aún permanecía reinando, y los árboles apenas habían asomado sus ramas verdosas.
“¡Qué desdicha!” – se lamentaba el gigante – “Todos pueden disfrutar de la primavera menos yo, y ahora mi jardín es un espacio vacío y triste”.
Afligido por su suerte, este se tumbó en su lecho y allí hubiese quedado para siempre sino fuese porque un buen día oyó con gran sorpresa el cantar de un sinsonte en la ventana. Asombrado y sin poder creerlo aún, el gigante se asomó y esbozó una sonrisa en sus labios. Su jardín había recuperado la alegría, y ahora, no sólo los árboles ofrecían unas ramas verdes y hermosas, sino que las flores también habían decidido crecer, y para su sorpresa, los niños también se encontraban en aquel lugar jugando y correteando de un lado hacia el otro.
“¿Cómo pude ser tan egoísta? Los niños me han traído la primavera y ahora me siento más feliz” – así gritaba el gigante mientras descendía las escaleras para salir al jardín. Al llegar al lugar, descubrió que los pequeñines trepaban a los árboles y se divertían alegremente. Todos menos uno, que por ser el más chico no podía trepar a ningún árbol.
Compadecido con aquel niño, el gigante egoísta decidió ayudarlo y tendió su mano para que este pudiera subir al árbol. Entonces, la enorme criatura eliminó las plantas con espinas que había colocado en su muro y también las cadenas que impedían el paso hacia su castillo.
Sin embargo, cuando los niños le vieron sintieron miedo de que el gigante egoísta les expulsará del lugar, y sin perder tiempo se apresuraron a marcharse del castillo, pero el niño más pequeño quedó entonces atrapado en el árbol sin poder descender. Para su sorpresa, las flores se marchitaron, la yerba se tornó gris y los árboles comenzaron a llenarse de nieve.
Con gran tristeza, el gigante le pidió al chico que no llorara, y en cambio le dijo que podía quedarse y jugar en su jardín todo el tiempo que quisiera. Entonces, los demás niños que permanecían escondidos desde fuera del muro, comprendieron que este no era malo, y que por fin podían estar en el jardín sin temor a ser expulsados.
Desde ese entonces, cada año cuando la primavera arriba al bosque, los niños se apresuran hacia el castillo del gigante para llenar de vida su jardín y sus flores.





FÁBULAS


EL CABALLO Y LA CABRA



Vivieron en una ocasión y en una mismo establo un caballo y una cabra. Al caballo siempre le sacaban a pastar y a pasear muy temprano por un camino precioso y lleno de hierba tan fresca y rica como jamás se había visto por la zona.
Al contrario que al caballo, a la cabra la sacaban a pastar por un prado situado en un camino muy lejano y conformado por hierbas tristes y secas.
El caballo, presuntuoso y altivo, en lugar de sentir lástima por su compañera la cabra, tendía a burlarse de ella y de su situación:
Es increíble cómo eres capaz de pastar por esos caminos aislados y tan poco agradecidos. Yo no podría pastar donde tú lo haces. ¡Se atragantaría mi brillante y suave cuello! La buena noticia es que yo no tendré que hacerlo, porque no soy una insignificante cabra.
La cabra, por su parte, dejaba que el caballo se desahogara con sus maleducadas palabras con un sabio silencio por respuesta. Pero un día todo cambió para ambos. En el establo metieron de buena mañana a un caballo tan fuerte, que casi parecía un roble, y desde entonces, las mejores hierbas fueron para él. El caballo viejo y arrogante tuvo que acompañar en lo sucesivo a su compañera la cabra a la hora de comer, a la que tanto había humillado.
Así que tú no podías comer ni comerías por nada del mundo la hierba de estos caminos, ¿no? Pues no sé qué haces aquí entonces comiéndote mi preciado sustento…- Dijo la cabra irónicamente mientras contemplaba al desdichado caballo.
El caballo compendió poco a poco, junto a su compañera la cabra, que en la vida es muy importante no decir nunca el de este agua no beberé. Porque…, ¡nunca se sabe lo que puede pasar!




La Gallina de los Huevos de Oro



Dicen que la avaricia rompe el saco. Un buen ejemplo es del hombre que hubo una vez, cuya gallina todos los días le ponía un hermoso huevo de oro.
Aquel hombre, feliz por ser el dueño de tan increíble animal, imaginó que se haría rico con el tesoro que aquella gallina debía albergar en sus entrañas. Ni corto ni perezoso decidió sacrificar al pobre animal para poder comprobar cuánto brillaba el tesoro de la gallina. Sin embargo, al abrirla pudo comprobar con sus propios ojos, como aquella gallina era igual por dentro que aquellas que no ponían ni un solo huevo extraordinario. Y de esta forma fue como el hombre de la gallina de los huevos de oro, se privó de su gran fortuna.
Qué gran mensaje y lección para las personas egoístas…De la noche a la mañana, el rico se vuelve pobre por no conformarse con lo que gana.




Los dos mulos



Dos mulos caminaban por un terreno con cargas sobre sus espaldas. Uno, que trabajaba para un humilde molinero, cargaba avena. El otro, que servía al rey del lugar,  cargaba monedas de plata.
Paseábase muy orgulloso y altivo el segundo de los mulos con su carga, haciendo sonar al paso su gran cencerro de oro. Pero aquel sonido alertó a unos ladrones que iban por su mismo camino. Tras observar bien lo que llevaban, ni cortos ni perezosos, decidieron atacar al segundo de los mulos. Éste, procurando defender su valiosa carga, resultó finalmente malherido por los bandidos, quedando tendido y desconsolado sobre el suelo del camino.
-¿Para esto he trabajado tan duro y he soportado tanta carga sobre mis espaldas?- Exclamó el mulo del rey aturdido.
-Tal vez, lo que aparenta ser un gran negocio, no siempre resulta serlo…- Le contestó el mulo del molinero.



LAS DOS CARAS


Érase una vez un oso que vivía entre la espesura del bosque. Habitualmente, este oso demostraba una gran valentía en cada uno de sus actos, y dicha valentía sumada a su fuerte y gigantesco cuerpo, hacía que ningún otro animal se atreviera a enfrentarle. Se dice que medía de pie casi tres metros de largo y que su fuerza podía aplastar incluso a los hombres.
Soy el oso más valiente y fuerte del mundo. ¿Acaso existirá alguien capaz de hacerme frente en algún lugar? – Vacilaba frecuentemente el oso, aplaudido por todos los animales del bosque que tendían a acobardarse con su mera presencia.
Sin embargo, a la espalda del oso valiente todos discutían en la búsqueda de un remedio que atemorizara al animal, por raro que fuese, convencidos de que algo tenía que ser capaz de acobardarlo.
¡Pero si es el más valiente del mundo! ¿Qué podría asustarle? – Se planteaba angustiado un oso de su misma especie.
Entre todos eran incapaces de dar con una solución, hasta que un día estalló una gran tormenta. Los relámpagos eran inmensos y venían acompañados de truenos que hacían temblar la superficie de la tierra. Y cuál fue la sorpresa de los animalillos del bosque al observar que el oso temido y valiente salía despavorido de su cueva, aterrorizado con el estruendo de aquella tormenta, pidiendo auxilio con fuertes y lastimosos rugidos.
Aquel día todos los animales del bosque, menos el oso, fueron felices. Nunca jamás habían disfrutado tanto de una tormenta, y es que habían dado con aquello capaz de atemorizar al oso vacilante y burlón que se creía el más fuerte del mundo.



LA LIEBRE Y EL VIOLÍN



Hubo una vez una liebre que vivía en un bosque y que disfrutaba enormemente con todo aquello que la rodeaba. Aquella liebre sabía disfrutar de la vida, y cosas tan sencillas como mirar los elementos de la naturaleza o al resto de animales del bosque, la colmaba de felicidad.
Aquella liebre encontró, en una ocasión, un viejo violín abandonado en una de tantas excursiones que realizaba para explorar cada uno de los rincones del bosque. No dudó en toquetear sus cuerdas como podía, en busca del atractivo de aquel instrumento, y en busca también de pasar un rato divertido más.
La liebre aprendía muy rápido, y tanto gusto le cogió a tocar el violín, que día y noche procuraba distraerse con su música. Pero aquella música no era miel para todos los habitantes del bosque que, cansados de escuchar sus recitales a todas horas, comenzaban a sentirse incómodos con la actitud de su amiga la liebre.
¡Vamos liebre! Deja de tocar ya un poco ese violín, y acompáñanos a buscar provisiones para el invierno, que ya está cerca. – Dijo una vecina.
Pero la liebre no hacía caso a nadie, tan entusiasmada como estaba con su violín, y continuó tocando aquellas viejas cuerdas sin parar. La liebre buscaba aprender a tocar bien el instrumento, porque le encantaba superarse a sí misma y aprender cosas nuevas, pero tanto se cegó con aquel violín que no supo darse cuenta de que el invierno ya estaba llegando.
Cuando por fin llegó, la liebre se dio cuenta de que no iba a tener nada que comer porque no había recolectado nada para hacerlo, y tuvo que ir a casa de sus vecinas a pedir alimentos. Afortunadamente, la liebre seguía siendo querida por todos sus vecinos del bosque y no dudaron en darle cuanto necesitaba, pero ella comprendió con aquello que no había obrado con responsabilidad y que había sido muy egoísta. Entonces, para corresponder a todas aquellas buenas amistades, la liebre (que ya dominaba el violín como el mejor de los músicos de tanto que había practicado) no dudó en dedicarles preciosas canciones a todos en señal de gratitud.





LEYENDAS


Leyenda del Caa Yari

Hace mucho tiempo, una tribu nómada decidió dejar la región que habitaba desde antaño. Sin embargo, un anciano no se sintió con la energía suficiente para seguir a su gente. Entonces la tribu dejó a Yar, tal era el nombre del anciano, en la compañía de su hija Yarí, que se negó a abandonarlo. El anciano construyó un refugio primitivo con sus propias manos, y ambos continuaron con su acostumbrado modo de vida en medio de ese entorno salvaje y primigenio. Un día, al anochecer, apareció un extraño ser. El color de su piel era raro y también su vestimenta, en relación a lo que estaban acostumbrados. A pesar de ello, padre e hija lo trataron con deferencia, ofreciéndole su hospitalidad desinteresada y los mejores alimentos que tenían en su humilde morada. Ocurrió que el extraño ser había sido enviado por Tup, el dios bueno, que quería conferirles un presente milagroso y permanente. El poder mágico del presente permitiría contar siempre con los medios para recibir y atender a sus visitantes; así como también les ayudaría mitigar el largo período de aislamiento. Así hizo que una nueva planta creciera en la selva, y luego les enseñó a preparar una bebida tónica y estimulante que pasaría a ser, con el tiempo, un símbolo de bienvenida para los huéspedes de la casa. Ungió a la bella Yarí como diosa protectora (Caa Yarí) y a su anciano padre, como su custodio. Los dulces cuidados y la protección constante prodigados a las plantas, lograron que las plantaciones de yerba mate se multiplicaran en forma infinita. Y así es como encontramos una especie de simbiosis en esta bebida: la mujer joven y bella, y el anciano habilidoso revelaron, siendo dioses, la misma actitud que, por obra de sus corazones generosos, que habían tenido siendo simples mortales. De esta manera, a partir de la naturaleza misma, con la fuerza de sus elementos más puros y del corazón de las plantaciones de yerba mate, los dioses nos protegen...





El cuervo y la sed

Cuenta la tradición que el dios Apolo era un dios muy impaciente al que le gustaba ser servido con rapidez y eficacia. No perdonaba a aquellos que vagueaban o que dudaban un minuto su quehacer.
Un día de primavera, Apolo envió al cuervo que le hacía las funciones de sirviente en busca de agua con la que poder calmar la terrible sed que padecía aquel día por el calor repentino.
– No tardes-  Advirtió Apolo al cuervo.
Tras aquellas breves palabras el cuervo partió en busca de agua. Durante el camino, una gran espiga verde surgió ante el cuervo frenándole la marcha:
– ¡Qué espiga tan tentadora! Pero esperaré a que madure para que sea aún más sabrosa- Se dijo el pájaro.
De este modo, el cuervo se olvidó de su cometido y tardó mucho tiempo en volver y en cumplir la tarea que le había encomendado Apolo, el dios impaciente. Y tras su acción, fue condenado a padecer sed durante todo el estío.



Leyenda del Cerro Monje



Hay en las cercanías de San Javier un lugar único tal vez por su historia, historia que ya es leyenda, porque hechos y fantasías se confunden en el tiempo. Se trata del llamado " Cerro Monje", lugar a donde acuden centenares de peregrinos que llegan allí para " pagar sus promesas" o para beber el agua milagrosa que surge de una fuente natural o lavar con ella sus males. Cuentan que hace casi siglos peregrinaba por el mundo un gran pecador buscando una señal de Dios que le indicara que sus pecados habían sido perdonados. Después de mucho ambular y de haber andado Uruguay arriba, naufrago frente a San Javier su barca. Así llego hasta el cerro, verdadero peñasco sin vegetación, salvo gramíneas escasa al cual escalo. En su cima se apoyo cansado en el callado que llevaba, y donde este marco la peña surgió un manantial de agua pura. Viendo en ello la señal divina que esperaba, comenzó una vida austera, de sacrificios y ayuda al prójimo desde aquel lugar que adopto como morada. Llegaban allí de todas parte, indios, portugueses, y españoles a hacerse curar por aquel penitente, verdadero asceta que con sus manos y el agua del manantial curaba todos los males. Un día desapareció como había llegado; nadie supo de donde vino ni tampoco a donde fue. Pero el agua siguió emanando de la fuente, y es dicho, que todo aquel que este exento de pecados y que pide un favor especial encuentra agua en la fuente. Mas, aquellos que están en pecado no la encuentran, debiendo reincidir en sus peregrinaciones hasta haber saldado sus deudas con Dios. Entonces, se les otorga la petición. La gente del pueblo explica que las aguas de la peña del Cerro Monje son milagrosas y tiene extraños efectos curativos, tal como los tiempos del penitente.



La roca INACCESIBLE

En el inicio de la civilización, cuando los hombres que habitaban la tierra tan sólo disponían de palos y hachas de piedra para defenderse, existía una gran montaña que aquellos hombres divisaban a lo lejos entusiasmados y soñadores. Aquella montaña se encontraba inundada de exuberante vegetación que caía derramada hasta sus valles. No encontraban, sin embargo, la forma de acceder a la preciosa montaña debido a la dificultad que añadía un caudaloso río y las escarpadas peñas de la misma. Aquellos hombres primitivos hicieron lo imposible por acceder al camino situado más allá de la montaña, para lo que levantaron sendos pilares con los que construir un puente con el cual poder divisar lo que había al otro lado. Y finalmente, tras muchos días de inagotable esfuerzo, se dieron por vencidos.
Cuando un día el mal tiempo derribó todos aquellos pilares que habían creado y levantado con tanto esfuerzo, los primitivos hombres quedaron atemorizados pensando que la montaña tenía vida propia y grandes poderes. Sin embargo, no llegaron a ir más allá ni a comprender nunca la verdadera causa del derrumbe, y tal fue la incomprensión que, pasados muchos, muchos años, los hombres fueron perdiendo el miedo y volvieron a desafiar y a enfrentarse a la misma tierra.
Y de este modo, cuando ya no vestían pieles ni manejaban hachas, continuaron desafiando a la Madre Naturaleza, despojándola sin piedad de toda su riqueza y material precioso.
¡Qué roca inaccesible eran los humanos para el Universo!



LA RIQUEZA Y LA POBREZA


Existió, hará un largo tiempo, un humilde hombre que vivía en la más absoluta pobreza. Este hombre tenía un hijo muy egoísta, que cansado de no recibir de su pobre padre cuanto le pedía, decidió que era hora de marcharse a iniciar su propia vida, llena de más caprichos y lujos.
Transcurridos unos cuantos años desde la partida de su hijo, el padre habría logrado salir adelante con muy buen pie, enriqueciéndose de tal forma gracias a sus negocios en el mundo del comercio, que se había trasladado de casa y de ciudad, rodeado de mil y una comodidades. Su hijo, por el contrario, no había conseguido salir de la pobreza, y caminaba mendigando de pueblo en pueblo y viviendo gracias a la ayuda de las gentes.
Aquel padre, a pesar de haber abandonado su vida anterior y haberse convertido en un hombre con tanta suerte, no conseguía olvidarse de su hijo, lamentándose día a día de su marcha y soñando con su llegada:
Dónde estará mi hijo! Yo ya soy viejo, y ¡desearía tanto que pudiese acompañarme en mis últimos días de vida, y heredara con mi despedida toda mi riqueza!
Y, cosas del destino, ocurrió que su hijo buscando limosna, llegara a la ciudad a la que se había traslado el padre y que tocara a su misma puerta. Tan cansado de caminar de allá para acá, el hijo ni siquiera reconoció a su padre, que se encontraba reposando placenteramente sobre un sillón de buena mimbre en el porche ajardinado de su gran casa.
Pero el padre sí reconoció a su hijo, y muy emocionado se levantó de su sillón para darle un gran abrazo, así como la bienvenida a su nuevo hogar. Sin embargo, aquello no tuvo nunca lugar, porque el hijo, asustado ante tanta riqueza y temeroso de ser humillado, salió corriendo de allí como alma que lleva el diablo.



POEMAS


LA SEMILLA DEL ROSAL


Mi mamá apostó por mí
cuando solo era semilla.
Me plantó y cuidó con mimo
en su linda barriguita.
Trabajase o disfrutase
me llevaba a donde fuera.
¡Qué lindos ratos pasamos!
¡Qué feliz que fui con ella!
Ahora que ya he crecido
y mis raíces se trenzan,
al fin puedo tocarla,
al fin he podido verla.
Cuando yo guíe el rosal
haré lo mismo por ella,
y su perfume llevaré
donde me lleve la tierra.




Bichín colorado


A la fresca de junio nació,
Bicho, bichín, bichón.
Tras la alegría de mayo,
como un ratón.
Con sonrosadas mejillas
y dedos muy largos.
Con la sonrisa pintada
¡y el juicio ya bien formado!
Así vino al mundo,
tras despedirnos de mayo,
el príncipe de los sabios:
…Bichín…
¡Bichín Colorado!
Anunciando la madrugada llegó,
Bicho, bichín, bichón.
Tiñéndolo de amor todo
con su canción.





El velero hacia la mar

                                                        Sobrevolando las aguas
navegaba el velero
sobre la mar.
¡Velero!
Gritaban los delfines.
¡Velero!
Cantaban las ballenas
guiando con su canto
al velero en su remar.
Soñaba el velero
con surcar las aguas,
las aguas del mar.





Hasta no poder MÁS


Felipe y Carola
se querían…,
hasta no poder más.
Corrían,
saltaban,
y jugaban a deletrear.
Hacían figuras
de arcilla, de arena…
de papel y tijera.
Alternaban pares y nones
tras sus riñones.
Escribían poemas de amor,
y leían cuentos de sal
y mucho pimiento.
La mamá de Felipe
decía, que los niños
no saben de amar,
pero Felipe y Carola
se querían…
hasta no poder más.




El Mago de la Serpiente


Se oye hablar
de un misterioso hombre,
delgado y con tocado
muy bien arreglado,
que toca sentado
frente a un cesto repleto,
de cientos de mantos espesos.
Dicen que oculta un secreto
muy bien guardado,
tras su flauta travesera de color dorado:
comienza el soniquete, como salido de oriente,
que hace vibrar poco a poco,
y salir del cesto,
a una enorme serpiente.
Yo digo que hace magia
y mamá, que afila cuchillos.



TRABALENGUAS



PEPE PECAS

Pepe Pecas pica papas con un pico, 
con un pico pica papas Pepe Pecas.
Si Pepe Pecas pica papas con un pico, 
¿dónde está el pico con que Pepe Pecas pica papas?





ME HAN DICHO

Me han dicho que has dicho 
un dicho que he dicho yo.
El que lo ha dicho, mintió.
Y en caso que hubiese dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo,
dicho y redicho quedó.
y estaría muy bien dicho,
siempre que yo hubiera dicho
ese dicho que tú has dicho
que he dicho yo.



CUANDO CUENTES CUENTOS

Cuando cuentes cuentos, 
cuenta cuantos cuentos cuentas,
porque si no cuentas cuantos cuentos cuentas 
nunca sabrás cuantos cuentos cuentas tú.



NO ME MIRES

No me mires que nos miran, 
nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no nos miren nos miraremos,
porque si nos miramos
descubrir pueden
que nos amamos.


TRES TRISTES TRAPECISTAS

Tres tristes trapecistas con tres trapos troceados
hacen trampas truculentas 
porque suben al trapecio por trapos y no por cuerdas.





CHISTES 


HABÍA UNA VEZ UNA
TORTUGUITA QUE FUE A SU PRIMER DÍA
DE CLASES Y CUANDO
LLEGÓ…
¡YA ESTABAN DE VACACIONES!

¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE
UNA PULGA Y UN ELEFANTE?
QUE EL ELEFANTE PUEDE TENER PULGAS
Y UNA PULGA NO PUEDE TENER ELEFANTES.



·         BUENOS DÍAS, ¿HACE MUCHO QUE ESPERA?
·         NOOO… SIEMPRE EH SIDO MANZANA.




·         PAPÁ, PAPÁ,
¿LOS MARCIANOS SON
AMIGOS O ENEMIGOS?
·         ¿POR QUÉ LO PREGUNTAS HIJO?
·         PORQUE SE HAN LLEVADO A LA ABUELA
·         ENTONCES SON AMIGOS.


SUENA EL TELÉFONO:
·         DÍGAME.
·         MEEEEEE…
¿CUÁL ES EL PÁJARO
MÁS ADINERADO?
EL PE-RIQUITO.


ADIVINANZAS



TE DOY MI LECHE Y MI LANA
Y PARA HABLAR DIGO BEEE..
SI NO ADIVINAS MI NOMBRE
NUNCA TE LO DIRÉ
¿QUIÉN SOY?
·         (LA OVEJA)

SALGO TODAS LAS MAÑANAS,
POR LA TARDE ME ESCONDO.
DOY SIEMPRE LUZ Y CALOR
Y SOY… REDONDO, REDONDO.
¿QUIÉN SOY?
·         (EL SOL)


EN LA LAGUNA NADANDO ESTÁ,
Y CUANDO HABLA DICE…
CUÁ, CUÁ, CUÁ
¿QUIÉN SOY?
·         (EL PATO)


CUANDO LLUEVE,
Y SALE EL SOL,
TODOS LOS COLORES
TENGO YO.
·         (EL ARCO IRIS)
LLEVO MI CASA AL HOMBRO,
CAMINO SIN UNA PATA
Y VOY DEJANDO MI HUELLA,
CON UN HILITO DE PLATA
¿QUIÉN SOY?
·         (EL CARACOL)


UN BICHO PEQUEÑO
VUELA ENTRE LAS FLORES
Y TIENE LAS ALAS DE MUCHOS COLORES
¿QUIÉN SOY?
·         (LA MARIPOSA)



RIMAS


UN DRAGÓN MADRUGADOR DUERME DE
MADRUGADA. MADRUGA, DRAGÓN,

MADRUGA, QUE YA DORMIRÁS MAÑANA.


UN PAJARITO
ME DIJO AL OÍDO
PÍO, PÍO, PÍO
TENGO MUCHO FRÍO.


EL PERRITO TRAVIESO,
NO QUIERE QUESO
PORQUE LE GUSTA
EL HUESO.


LORENA, LA BALLENA,
NADA EN EL MAR
COMO UNA SIRENA.


MAÑA, LA ARAÑA, VIVE ALLÍ
ARRIBA,EN SU TELARAÑA.


EL RATÓN GLOTÓN
DICE QUE LE GUSTA
LA TORTA UN MONTÓN.


OBRA DE TÍTERES

El Gatito Desobediente

Autora de esta adaptación: Isabel Tapiador
(Aparece un conejo llevando entre los brazos un montón de plantas de distintos tipos que deberá colocar aquí y allá, deben ser nuestra escenografía.)
CONEJO.-
-¡No tengo tiempo, no tengo tiempo!
(-¿Os recuerda a alguien?) (Mira a todos lados hecho un lío, no sabe donde colocar las plantas)
-¡Esto está a punto de empezar!
(Se da cuenta de que está el público)
-¡Uy, esto ha empezado ya!
(Se lleva las manos a la cabeza, con lo cual se le cae el montón de plantas)
-¡Mis plantas!
(Intenta no pisarlas, se lía, resbala, se cae, se levanta)
Tranquilidad, mucha tranquilidad, soy el narrador, así que voy a narrar.
(Se coloca muy tieso y formal, de repente hace una mueca, como un espasmo nervioso que pasa de inmediato y comienza a narrar; esta mueca nerviosa le sucederá de vez en cuando.)
Érase una vez un gatito, tan pequeñito, tan pequeñito, que ni siquiera sabía que era un gatito. (Mueca nerviosa) (Mira hacia los lados receloso y dice la siguiente frase como si fuera un secreto)
Vivía entre los humanos, esto siempre le lía a uno un poco.
(Mueca nerviosa)
Este gatito, que se llamaba Ambrosio, cosas de humanos, era también muy, muy, muy desobediente. Un día, la niña humana que era su dueña…
(Mueca nerviosa)
…La niña le dijo “No salgas del jardín, que te puedes perder”.
-¿Y qué hizo el gatito Ambrosio? -¡Se escapó al bosque!
Ahora mismo lo vais a ver, yo lo sé porque andaba por allí.
(Ve las plantas caídas, recoge todo el ramillete)
-¡Oh, no hay tiempo, no hay tiempo!
(Sale de escena, de inmediato vuelve a entrar con una sola planta que coloca en algún lugar de la escena.)
CONEJO.-
-¡Perdón!
(Coloca planta, mueca nerviosa, se va)
(Aparece en escena una vallita blanca de madera, por la que vemos aparecer al gatito, primero se asoma despacio, varias veces, por fin abre la valla y sale del jardín, le vemos entero, está emocionado)
GATITO.-
-¡El bosque!
(De repente sale a todo correr hasta que dejamos de verle, desaparece la vallita blanca y entra conejo)
CONEJO.-
-¡Perdón!
(Coloca planta, mueca nerviosa, se va)
(El gatito Ambrosio cruza toda la escena, se mueve rápido emocinado, mira a todos lados, se detiene en un momento del recorrido para decir:)
GATITO.-
-¡Qué bonito es todo!
(Vuelve a entrar, ya no está tan contento)
-¿Dónde estoy? Esto es muy grande.
(Vemos un Sol que va bajando mientras cruza la escena)
Se hace de noche, tengo frío, y hambre.
(Se oye la voz de un conejo, es nuestro narrador, pero cuando era pequeño)
CONEJO.-
-¡Una zanahoria!
(Oímos como se la come)
(Entra en escena de golpe)
-¡Qué rica!
(El gatito está intentando alejarse sigilosamente, el conejo le ve)
CONEJO.-
-¡Anda, hola!
(El gatito se queda inmóvil)
-¡Pero qué haces, si ya te he visto!
(Gatito inmóvil)
-¡Buhh!
GATITO.-
-¡Ay! -¿Tú quién eres?
CONEJO.-
-¿Y tú?
GATITO.-
No lo sé.
CONEJO.-
-¡Anda qué risa!
GATITO.-
Estoy perdido.
(Gimotea)
CONEJO.-
No llores, vamos con mi mamá, que sabrá lo que hay que hacer.
GATITO.-
-¡Vale!
CONEJO.-
-¡Y nos dará comidita!
GATITO.-
-¡Qué bien!
(Salen) (Una puerta aparece en el centro de la escena, por un extremo de la escena entran nuestros amigos, cuando llegan a la puerta, el conejito llama y dice:)
CONEJO.-
-¡Mamá, mamá, he encontrado un conejito perdido en el bosque, le he traído conmigo!
(Por el otro extremo de la escena entra la madre y abre la puerta, los chicos pasan al otro lado y la puerta desaparece)
MADRE.-
Has hecho muy bien, hijo. Comed algo antes de dormir y mañana ya buscaremos a tus padres. Por aquí tengo…-¡una zanahoria!
(El gatito niega con la cabeza)
CONEJO.-
-¡Zanahoria!
(La devora)
MADRE.-
Por aquí tengo…-¡lechuga!
(El gatito niega con la cabeza)
CONEJO.-
-¡Lechuga!
(La devora)
MADRE.-
-¿No te gustan la zanahoria ni la lechuga?
(El gatito niega con la cabeza)
Tú no vas a ser un conejito.
CONEJO.-
-¡Ahí va!
GATITO.-
No lo sé.
MADRE.-
Deja que te vea bien…-¡Vaya, qué cola tan larga tienes y qué orejas tan pequeñas! -¿Te gusta subirte a los árboles?
GATITO.-
-¡Sí, sí, eso sí!
MADRE.-
Entonces ya lo sé, -¡eres una ardilla!
GATITO Y CONEJO.-
-¡Ohhh!
MADRE.-
Vamos, te voy a llevar con los tuyos.
GATITO.-
-¡Bieeeen!
CONEJO.-
Yo también voy.
MADRE.-
No, tú acuéstate que ya es muy tarde.
CONEJO.-
-¡Vaya!
MADRE.-
Un beso hijo.
(Se dan un beso)
CONEJO.-
-¿Me das otra zanahoria?
MADRE.-
Acuestateee.
CONEJO.-
-¡Vaya! -¡Suerte compañero!
GATITO.-
-¡Suerte conejito!
(Salen madre y gatito)
CONEJO.-
(Les ve marchar, mira al público, hace mueca nerviosa y se va a dormir. Sale)

(Entra nuestro narrador, ya adulto, con una gran rama de árbol que coloca horizontalmente en primer término)
CONEJO.-
-¡No llego a tiempo, no llego a tiempo!
(El peso de la rama le lleva de un lado a otro, al final consigue colocarla)
Aquí está muy bien.
(Mira al público)
-¿Verdad que era guapo de pequeñito?
(Mueca nerviosa y sale)
(En un lado de la rama hay colocado un montoncito de nueces, una ardilla sube a la rama con una nuez más que añade al montón)
ARDILLA.-
Por hoy ya está bien, es de noche y no se ve un pimiento, menos mal que yo como nueces. -¡Ji, ji, ji, ji…!
(Se revuelca de la risa)
-¡Ju, ju, ju, ju…!
(Oímos , pero no vemos, a la madre coneja.)
MADRE.-
-¡Venga, anímate, tú puedes subir! -¡Ardilla, aquí te dejo una ardillita que se ha perdido en el bosque!
ARDILLA.-
Vale, vale, vale, -¡qué suuuuba!
GATITO.-
(Empezamos a oírle hasta que consigue trepar lo suficiente para que lo veamos)
-¡Voy, voy….voy, voy, voy, voy…!
(Ya le vemos, pero pierde el equilibrio y…)
-¡Ay, ay,…ay, ay, ay…!
(Se cae)
ARDILLA.-
-¡Chico, chico! -¡Arriba, arriba, arriba!
GATITO.-
-¡Voy, voy, voy, voy!
(Pierde el equilibrio)
-¡Ay, ay, ay, ay!
ARDILLA.-
-¡Chico, chico! -¡Agárrate!
(El gatito lo consigue, llega a la rama con la ardilla)
AMBOS.-
-¡Bieeeen!
(La ardilla, un poco bruta, le da unos manotazos de ánimo en la espalda mientras le habla, el gatito, exhausto y asombrado, es zarandeado de mala manera.)
ARDILLA.-
-¡Bueno campeón,lo has conseguido, je, je, je, je! Después de tanto esfuerzo tendrás hambre.
GATITO.-
No he comido en todo el día.
ARDILLA.-
Pues coge una de esas, no te cortes.
(El gatito no tiene ni idea de cómo se come una nuez, coge una entera, con cáscara y todo, y se la intenta tragar, se atraganta, no puede respirar, hace aspavientos.
-¡Chico, chico!
(Le da más manotazos para que expulse la nuez)
-¡Escupe, escupe,…allá voooy!
(La ardilla se tira encima del gatito, que es aplastado pero consigue expulsar la nuez; con el impacto, el gatito suelta también un tremendo maullido)
-¡Pero cómo que “miau”!
GATITO.-
No sé.
ARDILLA.-
-¿Has dicho “miau”?
GATITO.-
Creo que sí.
ARDILLA.-
Entonces tú no eres una ardilla, -¡eres un gato chico, un gato! -¡je, je, je, je!
(Le da manotazos)
GATITO.-
-¿Estás seguro?
ARDILLA.-
-¡Claro que sí! 
(Entra volando una lechuza)
LECHUZA.-
Yo también estoy segura.
ARDILLA.-
-¡Anda la lechuza!
LECHUZA.-
Eres un gatito.
GATITO.-
-¡Bieeeen!
LECHUZA.-
Te veo todos los días cuando vuelo por encima de tu casa.
GATITO.-
-¿Sabes dónde vivo?
LECHUZA.-
En la casita azul con la vallita blanca.
ARDILLA.-
-¡Anda la lechuza!
GATITO.-
-¿Me puedes llevar a casa?
LECHUZA.-
-¡Claro!
GATITO.-
-¡Bieeeen!
LECHUZA.-
Sígueme,yo voy volando y tú corriendo.
(La lechuza comienza el viaje)
GATITO.-
Adiós, amiga ardilla.
ARDILLA.-
-¡Chico, chico!
(Se abrazan)
GATITO.-
-¡Espérame Lechuza!
(Atolondrado, tropieza con las nueces y las tira, dejamos de verle)
ARDILLA.-
-¡Chico, las nueces!
(Baja a por ellas, entra el conejo)
CONEJO.-
-¡Justo a tiempo, justo a tiempo!
(Coge la rama, el peso lo arrastra para aquí y para allá, mueca nerviosa, se la lleva)
(En el centro aparece una vallita blanca, entra volando la lechuza y a continuación el gatito corriendo, jadeante)
GATITO.-
-¡Mi casita, gracias, lechuza!
LECHUZA.-
De nada, ya nos veremos.
(Se va volando) (El gatito abre la valla y pasa al otro lado, sale de escena maullando, la valla desaparece) (Oímos las voces del gatito y de su dueña, no les vemos)
GATITO.-
-¡Miauuu!
NIÑA.-
-¡Ambrosio, te he echado mucho de menos!
GATITO.-
-¡Miaaau!
NIÑA.-
Mañana vamos juntos a jugar al bosque.
GATITO.-
-¡Miaauu, miaauu!
NIÑA.-
-¡Ambrosio!
(Entra la ardilla)
ARDILLA.-
(Buscando)
-¿Pero dónde están mis nueces?, -¡estaban aquí, aquí!
(Entra el conejo, lleva las nueces entre sus manos)
CONEJO.-
-¡Hay que recogerlo todo, el cuento ha terminado, ha terminado!
(Sale)
ARDILLA.-
(Pasmada, mirando hacia donde salió el otro)
-¡Chico, chico, mis nueces, chico, chico!
(Sale, persiguiendo al conejo) 
(Entra la lechuza)
LECHUZA.-
Y colorado colorín, el gatito a su casita llegó por fin.
(Se va volando.)

FIN



























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